Uso de mascarillas podría reducir gravedad del COVID-19, según estudio



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Está comprobado que el uso correcto de mascarillas previene el contagio y diseminación del coronavirus. Pero ahora varios investigadores sugieren que podría ayudar a reducir la gravedad de la enfermedad y garantizar que una mayor proporción de nuevas infecciones sean asintomáticas.

Según un estudio reciente publicado en la revista The New England Journal of Medicine, si se confirma esta hipótesis, el “enmascaramiento universal” podría convertirse en una forma de “variolación” que generaría inmunidad y, por lo tanto, ralentizaría la propagación del virus mientras se espera por una vacuna.

La variolación fue un proceso en el que las personas susceptibles a la viruela eran inoculadas con material extraído de una vesícula de una persona contagiada, con la intención de provocar una infección leve y la consiguiente inmunidad. Este procedimiento se practicó solo hasta la introducción de la vacuna que finalmente erradicó la viruela.

Inoculación alta de virus implica más gravedad

Según el estudio, realizado por científicos de la Universidad de California, los datos virológicos, epidemiológicos y ecológicos recientes apuntan a que el enmascaramiento facial también puede reducir la gravedad de la enfermedad entre las personas infectadas.

Esta posibilidad es consistente con una teoría de larga data de la patogénesis viral, que sostiene que la gravedad de la enfermedad es proporcional al inóculo viral recibido.

“En las infecciones virales en las que las respuestas inmunitarias del huésped desempeñan un papel predominante en la patogénesis viral, como el SARS-CoV-2, las dosis altas de inóculo viral pueden abrumar y desregular las defensas innatas, aumentando la gravedad de la enfermedad”, destaca el estudio.

Si el inóculo viral es importante para determinar la gravedad del COVID-19, una razón hipotética adicional para usar máscaras faciales sería reducir la dosis de virus al que está expuesto el usuario y el impacto clínico posterior de la enfermedad.

“Dado que las mascarillas pueden filtrar algunas gotículas que contienen virus (con la capacidad de filtrado determinada por el tipo de mascarilla), la mascarilla podría reducir el inóculo que inhala una persona expuesta”, dice el estudio.

Si esta teoría se confirma, el enmascaramiento poblacional, podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones del COVID-19 que son asintomáticas.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) estimaron que la tasa típica de infección asintomática era del 40% a mediados de julio, pero se ha reportado que las tasas de infección asintomática son superiores al 80% en entornos con enmascaramiento facial universal, lo que proporciona evidencia observacional de esta hipótesis.

Países que masifican uso de máscaras les va mejor

Destacan que a los países que han adoptado el enmascaramiento de toda la población les ha ido mejor en términos de tasas de enfermedades graves relacionadas con COVID y muerte, “lo que, en entornos con pruebas limitadas, sugiere un cambio de infecciones sintomáticas a asintomáticas”.

La forma más obvia de evitar que la sociedad sufra los efectos devastadores del COVID-19 es promover medidas para reducir tanto la transmisión como la gravedad de la enfermedad. “Pero el SARS-CoV-2 es altamente transmisible, no se puede contener solo con la vigilancia basada en los síndromes, y está resultando difícil de erradicar, incluso en regiones que implementaron estrictas medidas de control iniciales”, dice los investigadores.

En las últimas semanas han surgido datos prometedores que sugieren que una fuerte inmunidad mediada por células es el resultado de una infección por SARS-CoV-2 incluso leve o asintomática, por lo que cualquier estrategia de salud pública que pueda reducir la gravedad de la enfermedad también debería aumentar la inmunidad de toda la población.

Pero para “probar nuestra hipótesis de que el enmascaramiento de toda la población es una de esas estrategias, necesitamos más estudios que comparen la tasa de infección asintomática en áreas con y sin enmascaramiento universal”.

Una alternativa mientras llega la vacuna

A pesar de las preocupaciones con respecto a la seguridad, la distribución mundial y la eventual aceptación, el mundo tiene grandes esperanzas de una vacuna contra el coronavirus altamente eficaz y, a principios de septiembre, 34 vacunas candidatas estaban en evaluación clínica y cientos más en desarrollo.

Sin embargo, mientras esperamos los resultados de los ensayos de vacunas, cualquier medida de salud pública que pueda aumentar la proporción de infecciones asintomáticas puede hacer que la infección sea menos mortal y aumentar la inmunidad de toda la población sin enfermedades graves ni muertes.

“En última instancia, combatir la pandemia implicará reducir tanto las tasas de transmisión como la gravedad de la enfermedad. La creciente evidencia sugiere que el enmascaramiento facial en toda la población podría beneficiar a ambos componentes de la respuesta”, concluyen.

 

 



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