Trump se lanza a una campaña frenética mientras Biden se queda en casa


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, continuó su campaña a un ritmo frenético el sábado en un viaje por tres estados que arrancó con un mitin en Michigan en el que llamó “criminal” a su rival Joe Biden y reiteró sus acusaciones contra los demócratas de ser “antiestadounidenses”.

Ante una animada multitud en Muskegon, Michigan, Trump apostó por temas bélicos y aseguró que los demócratas quieren “borrar la historia de Estados Unidos, purgar los valores estadounidenses y destruir la forma de vida americana”.

El millonario republicano aceleró también su escalada por describir a Biden como corrupto, evocando la misma teoría de la conspiración que llevó a su juicio político el año pasado y a un nuevo y turbio informe del New York Post con supuestas pruebas de corrupción contra un hijo de su rival.

“Joe Biden es un político corrupto y la familia Biden es una empresa criminal”, afirmó entre vítores.

“Es un criminal, ha cometido delitos”, lanzó después. “Es un riesgo para la seguridad nacional”.

Trump, quien fue absuelto tras un juicio político por haber abusado supuestamente de su cargo para encontrar información comprometida contra Biden, disfrutó de todos los focos de la campaña para él solo a 17 días de las elecciones. Es que Biden, que lidera los sondeos, se quedó en su casa de Delaware sin eventos públicos. Está previsto que vuelva a la campaña el domingo en Carolina del Norte.

El mandatario voló de allí a otro evento en Wisconsin, epicentro de la nueva ola de contagios de coronavirus en el país, para acabar el día en Las Vegas, donde realizará otro mitin en Carson City el domingo.

“La estrategia del presidente Trump es trabajar por el voto del pueblo estadounidense”, aseguró su portavoz Kayleigh McEnany en Fox News.

“Esa es la razón por la que está hoy en dos estados, y tendrá dos mítines mañana, dos más en Arizona el lunes, y va a por todas”, añadió.

Apenas dos semanas después de salir del hospital tras contraer el coronavirus, Trump planea mantener este intenso ritmo hasta el final de la campaña con mítines casi diarios en un intento de que su base de incondicionales derive a números mayores.

El entusiasmo era evidente el sábado. La multitud gritaba “te queremos” y, arengados por el propio Trump, gritaban “que la encierren” en referencia a la gobernadora demócrata de Michigan, objetivo reciente de un fallido complot de la extrema derecha para secuestrarla.

Al final de su intervención de 90 minutos, Trump incluso bailó unos acordes de la famosa “YMCA” de Village People.

Fue llamativa, sin embargo, al ausencia en su larga intervención de referencias importantes a la pandemia, que ya dejó casi 219,000 muertos y más de ocho millones de contagios en Estados Unidos.

Las encuestas muestran que una gran mayoría no aprueba la errática gestión de Trump de la pandemia, mientras que Biden la ha convertido en el centro de su campaña, prometiendo lo que él considera un liderazgo más sobrio y menos politizado de la crisis nacional.

El candidato demócrata publicó un comunicado el sábado asegurando que el “presidente Trump está minimizando a sabiendas la gravedad del virus”.

A Trump le gusta decir que sus concurridos mítines son una señal de fuerza que no recogen las “falsas” encuestas electorales. También enfatiza que en 2016 muy pocos le creían capaz de superar a la aparentemente sólida Hillary Clinton, líder en los sondeos.

Pero más allá de realizar todos los mitines posibles y esperar que su nueva ola de acusaciones contra Biden cale en el electorado, a Trump le queda poco margen para revertir la dinámica de una carrera que durante semanas ha mostrado consistente ventaja para el demócrata.

Una oportunidad será el debate final entre candidatos del jueves, aunque más de 21 millones de estadounidenses ya emitieron su voto anticipadamente, una cifra sin precedentes, lo que significa que la elección ya se está disputando.

Y mientras Biden se quedaba en casa, la energía demócrata sí se hacía sentir en la calles con las miles de personas que se manifestaron en Washington y otras ciudades contra la rápida confirmación en el Senado de la candidata conservadora de Trump para la Corte Suprema, Amy Coney Barrett.

Varios republicanos destacados, incluyendo al senador y aliado de Trump Ted Cruz, ya han advertido de la gran derrota que puede llegar el 3 de noviembre.

Pero no todo el mundo lo ve tan claro. Empezando por la jefa de campaña de Joe Biden, Jennifer O’Malley Dillon, quien valoró que la disputa está mucho más ajustada de lo que puede pensarse, según un memorando citado por The New York Times el sábado.



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