Trazos de vida teñidos de muerte, columna de Juan Carlos González A – Cine y Tv – Cultura



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“Ahora, felizmente, dispongo de nuevo de material de dibujo y con qué escribir; me han devuelto, incluso, la peligrosa navaja. Puedo trabajar y soportar así lo que de otra manera sería insoportable. Para conseguirlo tuve que doblar la cerviz, me rebajé, hice una petición, supliqué, mendigué, y hubiese llorado si tuviera que pagar ese precio. ¡Oh, Arte todopoderoso, qué no sería yo capaz de soportar por ti!”, escribe Egon Schiele el 16 de abril de 1912 desde la prisión de Neulengbach, en donde va a estar 24 días confinado por corrupción de menores. Es un pintor joven, es un hombre atrevido destinado a desafiar a la institucionalidad austriaca.

Las biografías fílmicas (‘biopics’) sobre pintores, al mostrar en un solo medio dos artes visuales, generan gran atracción. ‘Egon Schiele: La muerte y la doncella’ (2016), del director austriaco Dieter Berner, es una de ellas. Basada en el texto biográfico homónimo de Hilde Berger, que a su vez fue la coguionista de este proyecto, la película traza la vida de este creador, pero no desde la perspectiva de su obra pictórica ni desde la óptica personal, sino desde la relación que tuvo con un grupo de mujeres a lo largo de su breve vida, empezando con su hermana menor, Gerti –con quien tuvo un lazo que parecía ir más allá de lo fraterno–, y continuando con modelos: su musa y compañera Wally Neuzil, su cuñada Adele y su esposa, Edith.

Egon (interpretado por Noah Saavedra, de ancestros chilenos) es retratado como un hombre egocéntrico y caprichoso que utilizaba a las mujeres, creando con ellas un nexo de dependencia afectivo que las hacia frágiles ante su voluntad, sin importar el daño que les hiciera. Uno de sus óleos más famosos, ‘La muerte y la doncella’, realizado en 1915, lo muestra a él en un conmovedor abrazo con Wally Neuzil, una unión que es también una despedida para una mujer a quien va a dejar por otra socialmente más conveniente para formalizar una relación.

La figura a la vez voluble y atractiva de Egon Schiele encuentra en este filme un reflejo más que correcto. Realizada con sensibilidad y buen gusto, la película nos muestra al hombre por encima del artista y a las mujeres que lo quisieron como las verdaderas artífices de su imagen.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Especial para EL TIEMPO
jc.gonzalez@une.net.co




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