Tecnología para el placer, columna de Esther Balac – Salud



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Nada que hacer, está demostrado que los juguetes sexuales ayudan a relajar, a conocer el cuerpo, a retomar funciones después del parto, favorecen las relaciones largas, empoderan a las mujeres y, sobretodo, proporcionan placer.

Bajo estas premisas, que si bien están soportadas con estudios, pero que aún escandalizan a muchos mojigatos, la tecnología les abre un espacio significativo a estos insumos en la feria más relevante de consumo, en Las Vegas (Estados Unidos).

Y aunque la evolución de estos aparatos ha crecido a pasos agigantados, su presencia en los espacios de exhibición se hace de manera tímida, en medio de moralismos impuestos por organizadores atávicos que, no obstante sus esfuerzos, no alcanzan a opacar la demanda que tienen a todo nivel.

De hecho, el año pasado las directivas de Consumer Technology Association (CTA), la mayor feria electrónica de Estados Unidos, retiró el premio a la innovación que se le había otorgado a un prototipo de juguete sexual que estimulaba a la par el clítoris y el punto G, por considerarlo “inmoral, obsceno y profano”, lo cual llegó a ser considerado tan ridículo que la misma CTA terminó, a regañadientes, devolviendo el premio.

(Lea también: El famoso succionador de clítoris)

Y esto no es gratuito porque, por ejemplo, los pequeños vibradores para el clítoris (del tamaño de un llavero) empiezan a ser habituales en las carteras de muchas mujeres que lo consideran un elemento necesario, tanto que empieza a consolidarse el concepto de que el placer está ligado a buenos niveles de salud y bienestar, una verdadera ganancia en un mundo donde la ilustración sexual apenas si se acepta como parte de la educación formal.

Hay que decir sin tapujos que todo el mundo (sin ninguna exageración) tiene interés en los temas sexuales, pero poco lo expresan públicamente por temor al rechazo. Y en este contexto, una feria que pone a la vista de todos elementos eróticos, amparados por la ciencia y la tecnología, es una especie de bálsamo que permite tocar estos asuntos con un poco más de libertad, y específicamente algo tan vedado como el de los juguetes sexuales, que normalmente forman parte de un mercado oculto y casi clandestino.

Por eso vale la pena saber que hoy se ofrecen masturbadores para hombres en diferentes tamaños y dimensiones, succionadores de clítoris, vibradores manejados a través de aplicaciones en relojes inteligentes, hologramas de estríperes virtuales, juguetes que se pueden sincronizar mediante videollamadas, juegos en realidad virtual conectados a juguetes sexuales específicos, tecnología microrrobótica para imitar la sensación de boca humana, que están, entre muchos otros, a la orden del día y hacen ver anticuadas las tradicionales bolas chinas.

El mercado es tan grande que se calcula que la industria del bienestar sexual mueve más de 30.000 millones de dólares cada año, todo sobre la base de que la sexualidad es una función tan natural como cualquiera otra. Así que no hay tiempo para escándalos.

Ya tendremos oportunidad de hablar de algunos de estos elementos y, de paso, procurar darles el lugar que les corresponde dentro de la cotidianidad.

Es la mejor forma de atajar tantos desvíos que ponen la planta baja en los límites del pecado y el delito. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO



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