Sexo con Esther las mejores horas para tener sexo – Salud – Vida


La confusión es el peor momento para el sexo placentero, porque el cansancio acumulado del día, la llenura de la cena y el impresión del ritmo circadiano mandan las ganas bajo el catre y las reemplazan por una ganas infinitas de pernoctar al punto que el aquello pasa a ser un exclusivo trámite.

En nosotras, dicen los estudios, las horas nocturnas nos elevan la melatonina –la hormona del sueño– y a pesar de que nos hace observar más románticas, nos devaluación la excitación al firme; por su parte a ellos, la confusión, los relaja tanto que les resulta más atractivo dar la espalda y entregarse a roncar.

Con estos conceptos, recogidos de sus investigaciones, el médico ario Peter Platz, doble en sexualidad y biorritmo, intenta convencer al mundo de que las horas del día influyen de modo significativa en el éxito o disgusto que dejan las faenas en la cama.

Cualquiera pensaría que si la confusión no es aliada del placer bajo las sábanas, la mañana, por las razones contrarias, garantizaría apoteósicos orgasmos con gemidos y volteadas de ojo.

Sin requisa, esto, de acuerdo con el sabio Platz, no se cumple, porque al despertar nuestro cuerpo –empachado de hormona del sueño– no está del todo dispuesto, en contraste con el de los señores que tienen sus hormonas sexuales en vigencia plena.

En esas condiciones, la cama matutina es el ambiente de una desigualdad de ganas en la que ellos quieren desordenar las sabanas y echársenos encima, mientras nosotras lo único que queremos es seguir durmiendo. Así, valga afirmar, ningún disfruta y de paso, flaquea la promocionada delicia del sexo mañanero.

Sin requisa, si se continúa en la cama y se esperan las nueve de la mañana, según el investigador, se llega a un nivel único de coincidencia en la buena disposición de la dotación necesaria para el pendencia, tanto en ellos como en nosotras, que los polvos a esa hora son desproporcionadamente deliciosos. Todo por cuenta de los altos niveles de endorfinas (las hormonas del bienestar), un cuerpo descansado, una mente más despejada y unas ganas acumuladas.

Pero no es la única hora del capricho. Al parecer, a las cuatro de la tarde armonizan de nuevo los cosquilleos en el sección inferior del cuerpo y “las mujeres son capaces de tener un choque holgado, intenso y efectivo y los hombres están listos para tener sexo moroso y cuidadoso, pero todavía con mucho vigor”, afirma Peter Platz.

Aunque siempre he dicho que la hora del sexo es la que las ganas pidan, no sobra conocer –con intención curiosa– este tipo de itinerario sexual; lo que no me impide pensar que si una pareja se dedica al placer mientras el resto del mundo trabaja, es porque el deseo está en su punto y así es más posible alcanzar orgasmos de los de bramido y esbozo, resultados que, a partir del mismo nivel de deseo, podrían obtenerse, incluso, a la una de la tarde a posteriori del desayuno.

Todo esto para reiterar que los polvos hay que gastarlos cuando se presentan y que los mejores son los que se echan sin horario. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO



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