Primer año de gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil – Latinoamérica – Internacional




La economía de Brasil ha vivido dos realidades opuestas en el primer año de Jair Bolsonaro en el poder: la euforia del mercado financiero y un ligero crecimiento económico frente a la precariedad en las cifras del mercado laboral.

Desde que asumió la presidencia, el primero de enero de 2019, el líder ultraderechista ha dejado las riendas de la mayor economía de Suramérica en manos de su ministro Paulo Guedes, un rígido ultraliberal de la famosa Escuela de Chicago.

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Con ese poder, Guedes trazó una política agresiva basada en reformas estructurales, privatizaciones, concesiones y austeridad, con el objeto de reducir lo máximo posible el tamaño del Estado y reequilibrar las maltrechas cuentas públicas.

Brasil venía de dos años consecutivos con crecimientos de alrededor del 1 por ciento que no habían conseguido revertir la profunda caída del 7 por ciento registrada entre 2015 y 2016.

Ante esta situación, el gobierno de Bolsonaro apenas consiguió aprobar en su primer año una reforma importante –la de las pensiones–, reducir ligeramente sus gastos, inyectar liquidez e iniciar su plan de privatizaciones, que según el mandatario será un éxito.

Pero para el brasileño común, no tanto. La industria aún presenta altos niveles de inactividad, el desempleo se instaló en los dos dígitos (11,2 por ciento) con una tasa de informalidad récord, mientras que el real se devaluó un 4,5 por ciento frente al dólar.

Cara A

Los pronósticos más optimistas indican un crecimiento del producto interno bruto (PIB) del 1,2 por ciento para el 2019 y del 2,2 por ciento en 2020, según el Banco Central.
Tras un primer semestre en el que rozó la recesión técnica, Brasil aceleró en la recta final, impulsado por los servicios, la industria y el sector agropecuario, que esperaba cosechas récord para 2019 y 2020.

La política de ajustes también ha reducido ligeramente el déficit fiscal nominal, desde el equivalente al 7,09 por ciento del PIB con que cerró 2018 hasta el 6,44 por ciento de octubre pasado. Y se espera que disminuya aún más tras la polémica reforma de las pensiones, que impuso, entre otras duras medidas, una edad mínima y con la que el Ejecutivo calcula ahorrar unos 210.000 millones de dólares en 10 años.

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Foto:

Marcos Correa / AFP

Esa reforma y la expectativa de aprobar en 2020 una tributaria y otra administrativa, que pretende una reducción del salario para los nuevos funcionarios, han llevado el riesgo país a su menor nivel en nueve años. “Fue un año bueno porque se consiguió avanzar en algunos frentes. Brasil necesita continuar con la austeridad fiscal sin gastar menos de lo que recauda para no dificultar el crecimiento”, dijo Joelson Sampaio, profesor de economía del centro de estudios Fundación Getulio Vargas (FGV).

Cara B

Pero esa tímida recuperación no ha sido suficiente para calentar el mercado laboral. El desempleo se ubicó en noviembre en 11,2 por ciento, equivalente a casi 12 millones de personas.

Bolsonaro asumió su mandato con un desempleo del 11,6 por ciento que llegó al 12,4 por ciento en febrero. A partir de ahí bajó, pero principalmente impulsado por la informalidad, que ha crecido hasta alcanzar el récord del 41,1 por ciento de la población ocupada (38,8 millones de personas). Las calles de las grandes ciudades de Brasil se han llenado de trabajadores autónomos.

La crisis fiscal y la menor recaudación derivó en que Brasil se endeudara hasta el 78,3 por ciento de su PIB (llegó al récord del 79,8 por ciento en agosto), cuando a principios de 2014 no alcanzaba el 60 por ciento.

Fue un año bueno porque se consiguió avanzar en algunos frentes. Brasil necesita continuar con la austeridad fiscal sin gastar menos de lo que recauda para no dificultar el crecimiento

Sampaio admite que el 2019 podría haber sido un mejor año si el Gobierno y el Congreso hubieran chocado menos y colaborado más, lo cual es motivo de preocupación para los inversionistas. Además, el escenario externo también se presenta desafiante. La guerra comercial entre China y Estados Unidos sigue viva, y la ola de protestas en varios países de Latinoamérica obligó al gobierno de Bolsonaro a poner el freno a sus reformas de corte liberal por miedo al efecto contagio.

Bolsonaro calificó este miércoles de “victorioso” su primer año de Gobierno, aunque según analistas, marcado por retrocesos en áreas como el medioambiente, la educación y la cultura.



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