Otros virus mortales que desaparecieron sin dejar rastro



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El coronavirus SARS-CoV-2 no ha sido el único virus mortal que ha surgido a lo largo de la historia de la humanidad. Otros múltiples virus letales para los seres humanos aparecieron y desaparecieron sin dejar rastro alguno, mientras los científicos tratan de descrifrar las causas que llevan a estos virus al final de su existencia.

El síndrome respiratorio agudo grave (SARS) fue notificado por primera vez en febrero de 2003, recuerda en un artículo la BBC, cuando la oficina de la OMS en Pekín recibió una viso sobre “una extraña enfermedad contagiosa” que había provocado la muerte de 100 personas en solo una semana.

La provincia china de Guangdong fue origen del virus SARS: sus mercados locales, llenos de especies exóticas donde los restaurantes convivían a escasos metros de lugares donde se destripaban estos animales fueron el caldo de cultivo perfecto para la propagación de este virus.

En aquel momento, las autoridades sanitarias temieron que este virus pudiera provocar una pandemia global como la de 1918. Sin embargo, dos años después de su detección y tras infectar a más de 8.000 personas en todo el mundo, el SARS desapareció de forma abrupta. Según la epidemióloga Sarah Cobey, de la Universidad de Chicago, el sofisticado rastreo de contactos y las peculiaridades del virus —era más fácil identificar a los infectados porque no había asintomáticos— fueron claves a la hora de hacer que desapareciera.

Además del SARS, otros dos virus han podido ser extinguidos: la viruela y la peste bovina. En ambos casos, las vacunas fueron claves para ganar la batalla a la propagación de estos virus. No obstante, Stanley Perlman, microbiólogo de la Universidad de Iowa, sostiene que por lo general es “muy difícil” que estos desaparezcan “cuando tienes un virus que está bien adaptado“.

“El SARS se fue porque no hay otro anfitrión obvio“, indica Perlman. Ese virus saltó a los humanos a través de una civeta de palma, un mamífero considerado un manjar en China. Según Perlman, la especie que transmitió el virus a un humano probablemente fue una de las pocas que se infectaron directamente de un murciélago.

En el caso de la gripe, existen dos tipos principales: A y B. El primero infecta a muchos animales además de humanos, mientras que el segundo tipo solo infecta a humanos. Sin embargo, no queda ni rastro de la cepa que causó la pandemia de gripe de 1918, y tampoco la que provocó el brote de gripe aviar de 1957, con 116.000 en EE UU, recuerda la BBC.

La epidemióloga Sarah Cobey apunta lo siguiente: “Si te enfocas en una cepa en particular, o más bien, en cualquier secuencia genética particular que se está replicando a sí misma, hay una tasa de extinción muy, muy alta“. Según Cobey, “las cepas están desapareciendo cada dos años. Es complicado, pero estamos viendo una rotación muy alta”.

No obstante, algunos científicos señalan que “el término extinto es engañoso“. Según, Ian Lipkin, epidemiólogo de la Universidad de Columbia, “los virus pueden estar presentes en muchos lugares; pueden acechar en las personas, pueden acechar en los materiales que se almacenan en congeladores, pueden acechar en la vida silvestre y los animales domésticos; es realmente imposible decir si un virus se ha extinguido”.

Por su parte, Cobey indica que “hay muchos patógenos por ahí, la mayoría de la gente no sabe cuántos”, de ahí que la pandemia de la Covid-19 pueda servir para “reflexionar sobre qué tipo de enfermedades queremos erradicar”.



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