Los hijos se van de casa, ¿y ahora qué? Qué es y cómo superar el Síndrome del Nido Vacío



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Forma parte de la evolución de la mayoría de las familias pero aunque sea una etapa esperada y previsible no por ello resulta menos dolorosa. Se la conoce como Síndrome del Nido Vacío y con este nombre nos referimos al sentimiento de soledad y tristeza que suelen experimentar los padres cuando sus hijos se emancipan para iniciar una nueva vida fuera del hogar familiar.

Aunque la separación sea solo física, tiene una enorme repercusión en el día a día de los progenitores que se ven invadidos, y a veces superados, por todo tipo de sentimientos: cambio radical en su día a día, una pérdida del sentido de su existencia sobre todo si se han dedicado de forma exclusiva a la crianza, nostalgia… Lo recomendable es no dejarse invadir por el pesar, reconocer que una etapa se va pero saber dar la bienvenida a otra muy estimulante que se presenta cargada de oportunidades para encontrar nuevos desafíos y también para reencontrarse de una manera más madura con la pareja.

¿Cómo reconocer los síntomas del Síndrome del Nido Vacío?

Hay que dejar claro que el Síndrome del Nido Vacío no es una enfermedad pero sí puede provocar una crisis vital y sentimientos de desazón por el proceso de separación física que se origina con los hijos. Estos son algunos de los síntomas que se pueden manifestar:

– Sensación de tristeza, soledad y/o vacío interior.

– Sensación de aburrimiento o de no tener nada que hacer.

– Nostalgia del pasado y la creencia de que nunca se revivirán sus buenos momentos.

– Problemas para conciliar el sueño.

– Dificultad para concentrarse. 

– Incapacidad para encontrar placer con nada.

– Llanto más frecuente de lo habitual.

– Preocupación excesiva por el bienestar de los hijos.

– En los casos en los que la persona no acepta o se amolda a los cambios podrían sobrevenir episodios de depresión o ansiedad.

Más vale prevenir

En el caso del Síndrome del Nido Vacío no se trata solo de buscar soluciones o aprender a gestionar la situación una vez que los hijos dejan el hogar familiar, sino de saber prevenirlas desde mucho antes que éstos se independicen. ¿Cómo podemos conseguirlo?

No ser solo padres/madres

En muchas ocasiones cuando nacen los hijos, la pareja se centra tanto en la paternidad y maternidad que deja de lado su propia relación. Esto es un tremendo error. Hay que seguir alimentando y cuidando la relación durante toda la vida y no focalizar únicamente la atención en nuestro rol de padres/madres. De esta manera cuando los hijos se marchen de casa todo será más llevadero.

Los hijos son independientes

Hay que fomentar su autonomía y, sobre todo, aceptar que los hijos son personas independientes. Si partimos de esta premisa, cuando llegue el momento de la partida tendremos la seguridad de que saben valerse por sí solos y el proceso será menos traumático.

Potenciar lo que a uno le gusta

Convertirse en padres no puede ni debe sesgar el propio desarrollo personal. Mantener siempre las aficiones, las inquietudes, la curiosidad por aprender, los intereses culturales, deportivos…

Una marcha de forma escalonada

Desde que los hijos son pequeños los padres deben acostumbrarse a pasar tiempo sin ellos – ya sea por un campamento escolar, un fin de semana en casa de amigos o un curso de verano en en caso de los niños, o un viaje en pareja o de trabajo de los progenitores -. Si ambas partes ven con normalidad pasar temporadas separados será mas fácil asimilar la distancia física cuando los hijos se vayan de casa.

Evitar etapas conflictivas

En la medida de lo posible evitar que la marcha de los hijos coincida con algún acontecimiento importante a nivel familiar o personal: duelo por la muerte de algún familiar mayor, menopausia de la madre, jubilación… Con esto evitaremos que se produzca una aglomeración de las emociones y separaciones afectivas.

Si aún así el Síndrome del Nido Vacío se instala en el hogar. Estas son algunas de las pautas que los especialistas recomiendan para hacerle frente:

Estar bien informado

La mejor manera de afrontar nuevas situaciones es estar preparados para ellas. Leer todo lo posible sobre este síndrome ayudará a los padres a entenderlo, sobrellevar mejor la ausencia de los hijos cuando llegue el momento y a gestionar las emociones que se produzcan. Apoyarse también en familiares, amigos o compañeros de trabajo que han pasado por la misma situación.

La vida de padre/madre continúa

Que un hijo se vaya de casa no quiere decir que el rol de padre o madre termine para siempre. Hay que ser conscientes que el vínculo va a permanecer toda la vida, buscar maneras de seguir en contacto -a través del teléfono, redes sociales, encuentros… – e implicados en la nueva etapa que comienzan.

Recuperar el tiempo

Convencerse de que da comienzo una nueva etapa que podemos aprovechar para recuperar y hacer proyectos que dejamos aparcados por las responsabilidades que conlleva crear una familia: viajar más, tiempo libre para hacer algún taller o curso, actividades que siempre nos han atraído, cuidarse, hacer voluntariado…

Mantener el contacto

Sincerarse con los hijos es una de las mejores maneras de abordar la nueva situación. Expresarles la necesidad que se tiene de seguir vinculados y continuar compartiendo momentos juntos: hacerse visitas, comer en familia, compartir unas vacaciones… Respetando siempre sus deseos, su necesidad de independencia y las decisiones propias que tomen.

Estrechar vínculos con la pareja

Decir adiós a los hijos proporciona una maravillosa oportunidad para reencontrarse de una forma más estrecha con la pareja. Un tiempo exclusivo del uno con el otro para poder viajar, salir con las amistades, hacer actividades juntos… y, claro está, para compartir los sentimientos que les asaltan tras quedarse solos.

Si las funciones de padres y de pareja han estado equilibradas hasta ahora será relativamente fácil encontrar nuevas metas y proyectos para la relación. Si, por el contrario, el papel de padres ha prevalecido es probable que emerjan problemas ocultos hasta ese momento por la dedicación a los hijos.

Ver el futuro de una manera estimulante

Solo de esta manera podremos encarar esta nueva etapa. Aceptar la nueva situación y entender que nos ofrece una nueva oportunidad para el aprendizaje, para cumplir los propios deseos, para liberarse del miedo a estar solos y para reencontrarse con la pareja. Ayudar mucho entender que la vida es una sucesión de etapas, siempre en constante cambio y que ésta puede ser tan buena como las anteriores.

Trabajo bien hecho

Cambiar la perspectiva. Si los hijos se han podido ir de casa, si viven de forma independiente y por si solos quiere decir que el trabajo como padres ha sido, cuando menos, satisfactorio ya que ha ayudado a que consigan esas metas. Es necesario también para los hijos ver que se les apoya en sus nuevos proyectos, saber que tienen las puertas de casa abiertas siempre que lo necesiten y que no se sientan culpables por haber ‘abandonado’ a sus progenitores.

Reconocer la pena

Ver como algo absolutamente normal echar de menos a los hijos. No se debe acelerar el proceso de recuperación, hay que pasar el duelo.

¿Cuándo hay que preocuparse?

Depende de cada persona pero si los síntomas se prolongan durante más de un año o aparecen con retraso pero de forma muy intensa cuando ya ha pasado bastante tiempo desde la marcha de los hijos conviene recurrir a la ayudad de un terapeuta o psicólogo.



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