Los adultos también necesitamos vacunas


Al crecer, casarse y tener hijos, es usual que el foco de nuestra atención pase de estar sobre nosotros a estar sobre nuestros seres queridos. Solemos estar muy pendientes de lo que necesitan los niños; también pensamos mucho en nuestra pareja. Asimismo, con el paso del tiempo, nuestros padres van envejeciendo y, aunque lo admitan o no, van necesitando un poco más de ayuda. En general, en lo que avanzan nuestras vidas, es común que la mayoría de nuestro tiempo lo dediquemos al cuidado y protección de quienes nos rodean, a veces dejando de lado a una persona que también es muy importante: uno mismo.

Al estar constantemente pendientes del cuidado de otras personas, algunas veces no priorizamos nuestra propia salud, tanto física como mental. Muchos dejamos de tomar tiempo para sentarnos a comer tranquilos, hacer ejercicio o retomar alguna afición que nos relaja. Incluso, y quizá más preocupante aún, algunos no cumplimos con nuestros controles de salud anuales, ni estamos pendientes de si tenemos nuestras vacunas al día.

Es posible que algunos de nosotros tengamos la falsa creencia que las vacunas son sólo para los niños, pero es importante tener en cuenta que los adultos también necesitamos vacunarnos, dependiendo de nuestra edad, estilo de vida, estado de salud y vacunas que recibimos a lo largo de nuestra vida, incluso si vamos a realizar algún viaje.

Las vacunas son sustancias que se administran para estimular la producción de defensas (inmunidad) contra un germen determinado, sin los peligros que supone la infección natural. Contienen partes debilitadas del germen o sustancias similares producidas en laboratorios, que han sido tratadas para que estimulen la producción de inmunidad sin producir la enfermedad. Esta eficaz herramienta representa uno de los avances más importantes de la medicina moderna, siendo directamente responsable del control y hasta erradicación de algunas enfermedades.

Para las mujeres en edad fértil, es importante recordar que las vacunas forman parte de un embarazo saludable. Toda mujer embarazada debe recibir dos vacunas: la vacuna contra la influenza y la vacuna contra la tos ferina. Cabe destacar que las mujeres embarazadas son especialmente susceptibles a sufrir complicaciones al padecer enfermedades respiratorias, por lo que recibir estas dos vacunas se vuelve aún más importante.

Para los adultos en general, se recomiendan las siguientes vacunas: influenza anual, tétanos y difteria (Td) cada 10 años y vacuna contra neumococo (para los adultos mayores de 60 años de edad o aquellas personas que tengan ciertas afecciones). Además, es posible que necesiten otras vacunas para estar protegidos contra el virus del papiloma humano, la enfermedad meningocócica, la hepatitis A y B, la varicela, el sarampión, las paperas y la rubéola.

Por último, es importante que nos protejamos cuando salimos de viaje, sea por trabajo o placer. Según el lugar de destino, las vacunas pueden proteger contra enfermedades poco frecuentes en el país de origen, como la fiebre amarilla.

En mi opinión, así como todos los días tomamos acciones para proteger a otras personas de diferentes peligros y asegurar su constante bienestar, no debemos dejar de realizar nuestros controles anuales de salud y ponernos las vacunas que nos protegen contra muchas enfermedades potencialmente mortales. Vacunarnos es una de las formas más seguras y eficaces de proteger nuestra salud, al igual que la salud de todos aquellos que nos rodean. En adelante, al pensar en las citas médicas de nuestra pareja, las vacunas que le faltan a nuestros hijos o en los controles de salud de nuestros papás, no olvidemos pensar en nuestra propia salud también. Si nos cuidamos a nosotros mismos, podremos continuar cuidando y protegiendo a nuestras familias.

La autora es pediatra y coordinadora del Comité de Vacunas de la Sociedad Panameña de Pediatría



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