La historia de la fundación de San Luis de Palenque – Gente – Cultura



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El 15 de agosto pasado, el municipio de San Luis de Palenque, situado en el departamento del Casanare, entre los ríos Cravo y Pauto, en la rivera del río Guanapalo, celebró 64 años desde su fundación en 1953, con unas fiestas de conmemoración que incluyeron reinado, coleo, bailes y la dedicatoria de un monumento en honor del fundador del pueblo, coronel de Caballería Hugo Gamboa Ramírez.

A los 92 años, el Coronel, como lo llama todo el mundo en el pueblo, goza de buena salud y conserva la amistad de muchas de las familias que lo acompañaron en su fundación en plena época de la Violencia en el Llano, cuando Guadalupe Salcedo y otros comandantes guerrilleros liberales combatían a sangre y fuego al Ejército de Colombia.

La guerrilla de Guadalupe Salcedo

A finales de 1952, Guadalupe Salcedo le había propinado un duro golpe al Ejército matando a cerca de 100 hombres en un sitio denominado El Turpial, a orillas del río Meta, cerca de Puerto López, cuyos cadáveres dejaron desnudos.

Los guerrilleros se los llevaron con las armas y el resto del equipo. Esto produjo indignación en las fuerzas militares y dio lugar a que cambiara la estrategia para enfrentar a la guerrilla del Llano acudiendo a métodos de contraguerrilla, reclutando y entrenando a personal civil que acompañara y reforzara la acción del ejército en sus enfrentamientos directos con la guerrilla.

Precisamente, esa fue la razón por la cual llegaron a Yopal el entonces teniente Gamboa y otros jóvenes oficiales que colaboraban en la Escuela Militar en Bogotá, a finales del año 52, para que comandaran campamentos militares en la región.

Gamboa fue puesto al mando de un escuadrón montado, al que posteriormente se incorporaron llaneros civiles enemigos de la guerrilla liberal, que habían sido entrenados por el ejército y cabalgaban con la tropa bajo su comando, participando activamente en los enfrentamientos armados con la guerrilla. El contingente pertenecía al grupo Páez de Caballería de Yopal, bajo el mando del teniente coronel Luis Alejandro Castillo.

Guadalupe Salcedo operaba en esos días con más de 100 hombres en la región donde actualmente está San Luis de Palenque

Guadalupe Salcedo operaba en esos días con más de 100 hombres en la región donde actualmente está San Luis de Palenque. La población civil había sufrido el azote de policía conservadora, ‘los Chulavitas’, que inicialmente se ensañaba contra la población liberal, pero que gradualmente extendió sus abusos a todos los que se presentaban en el pueblo y provenían del campo.

Muchos habitantes se fueron a esconder en una mata de monte y vivieron mucho tiempo en cambuches (ver testimonio de Margarita Barragán que pasó varios años escondida en “el monte”, cerca de donde actualmente queda San Luis de Palenque).

Cuando llegó la guerrilla se sintieron protegidos y probablemente colaboraron con ella, pero muy pronto comenzó Salcedo a reclutar a la fuerza jóvenes para su grupo armado
. También les exigía colaboración y ganado a los administradores de los hatos de la región.

El coronel sí tiene quien le escriba

Gamboa y su señora, Mariela Rodríguez, con un niño del pueblo el día de la celebración.

La ejecución en pleno día y delante de varios habitantes de un joven que públicamente anunció no estar dispuesto a unirse a la guerrilla indujo, finalmente, a varias personas destacadas de la región a acudir al ejército buscando ayuda. Lo hicieron en Yopal con el coronel Castillo, a quien le ofrecieron que combatirían al lado de los soldados contra la guerrilla y sugirieron que estableciera un puesto militar en Guanapalo, una vereda de Trinidad, a orillas del río del mismo nombre.

El coronel Castillo designó a Gamboa, entonces teniente, para que se hiciera cargo del puesto en Guanapalo y procediera a enfrentar a la guerrilla que comandaba Salcedo en ese sector. Desde que llegó al puesto militar, el nuevo comandante se dedicó a buscar y a asegurar el apoyo de la población. Generó confianza con el buen trato que le daba a la gente con respeto y consideración.

Muy rápidamente congregó a un núcleo de residentes a su alrededor y al poco tiempo se presentaron varios de los administradores y propietarios de hatos a ofrecer colaboración. Este fue un paso importante, pues hizo posible la organización de un grupo civil armado de buen tamaño para enfrentar a Salcedo, superior al de la tropa disponible en el lugar.

El primer encuentro ocurrió en Maporal, a unas dos horas de distancia a caballo de Guanapalo, donde se estaba atrincherando la guerrilla en el monte, aparentemente ignorante de que los cerca de 80 militares del escuadrón tenían una fuerza de choque contraguerrillera adicional. Los militares, previendo la desventaja de tener que enfrentarlos a campo abierto mientras los guerrilleros permanecían escondidos en matorrales, pidieron el apoyo de la fuerza aérea, que llegó 10 minutos antes de que hicieran contacto con la guerrilla la caballería y sus contraguerrilleros, que ya se hacían llamar ‘los tigres del llano’.

El ataque aéreo le dio a Salcedo aviso y tuvo tiempo para retirarse. Los militares no lograron detenerlos y solamente consiguieron hacerles unas pocas bajas. Poco después, Salcedo organizó un ataque a un puesto militar en Palenque a la madrugada. Fue exitosamente repelido por los militares y sus colaboradores civiles.

Hubo bajas en los dos bandos, pero fracasó el intento de capturar el puesto y al personal. El teniente Gamboa resultó levemente herido y fue enviado a Bogotá, pero regresó al poco tiempo a sumarse a la persecución a la guerrilla. Esta les salió adelante y se atrincheró en un sitio llamado el Algarrobo, a orillas del río Cravo, lo que obligaba a los militares a tener que atravesarlo en condiciones de considerable desventaja. La guerrilla, apostándole a que cometerían esa imprudencia, dejó varias embarcaciones al otro lado del río, como invitándolos a que se atrevieran.

Cuando llegaba alguien a entregar un fusil se lo aceptaba y se dejaba constancia, sin consecuencias adicionales

De Yopal habían mandado refuerzos al mando de un capitán de la vieja guardia que ordenó que un destacamento intentara cruzar el río a la brava en una curiara. No tuvieron éxito. Sufrieron bajas y finalmente se refugiaron a alguna distancia río abajo, con el agua hasta la cintura y permanentemente acosados por el enemigo.

Gamboa y otro grupo se desnudaron, pusieron uniformes, armamento y equipo dentro de una de las barcazas y nadaron empujado la embarcación hacia donde estaba concentrada la guerrilla, que los contuvo a bala en un islote a mitad del río, de donde no hubieran podido moverse si no hubiera aparecido un AT6 de la Fuerza Aérea pilotado por un teniente Boves, que ametralló a la guerrilla en sucesivas vueltas y permitió el avance del Ejército y sus colaboradores. Finalmente, la guerrilla huyó, dejando atrás armamento y heridos. Poco después, Salcedo dejó la región y pasó su centro de operaciones a Arauca.

Gamboa se estableció en Guanapalo y asumió la tarea de pacificar la región, pero no lo hizo a sangre y fuego sino aproximándose a la población que estaba en el monte (ver ‘Testimonio de Margarita Barragán’). Cuando llegaba alguien a entregar un fusil se lo aceptaba y se dejaba constancia, sin consecuencias adicionales. Si traía un revólver, Gamboa le decía que lo conservara porque “de pronto, lo podría necesitar”. La actitud de camaradería y comprensión que prevaleció en el trato con la población civil generó mayor confianza.

La necesidad de hacer algo por la gente

Gamboa se dio cuenta de que tenía a su cargo cerca de dos mil personas de dos bandos que hasta hacía muy poco tiempo habían sido enemigos y que debía hacer algo para organizarlos pacíficamente antes de que la situación se le saliera de control. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de fundar un pueblo. Pidió autorización a su superior inmediato, el coronel Castillo, quien la concedió.

Habló con los dueños de hatos para que le cedieran los terrenos, haciéndoles entender a los propietarios de las grandes haciendas que poseían miles de hectáreas que si cedían terrenos para construir la población y para dotar a sus habitantes de tierras en donde pudieran tener un ganado y cosechar algunos productos no le haría mella a su riqueza o a sus ingresos y sí contarían con la protección y la buena voluntad de una comunidad agradecida.

Inicialmente pensó ubicar el nuevo pueblo en un sitio alto, pero los habitantes querían que se estableciera cerca del río. Unos de ellos cedieron los terrenos para el amarradero de lanchas y para la plaza, y las cuatro manzanas que formaba el marco de ella. Otros cedieron terrenos para lo que hacía falta.

Todos los que aspiraron a construir su vivienda obtuvieron su lote y muy pronto se construyeron edificaciones

Gamboa se puso a pintar él mismo, a mano alzada, el trazado del pueblo, con mucha insistencia en que las calles fueran anchas y todas quedaron de treinta metros de ancho. También se le ocurrió el nombre que aún conserva el pueblo. Le puso San Luis porque su papá se llamaba Luis y el coronel Castillo también, y Palenque por el sitio en donde ocurrió el intento de la guerrilla de tomarse el puesto del Ejército. Decidió dónde debería quedar la plaza, dónde la alcaldía, el banco, plaza de ferias, mercado y el colegio, que desde el primer día fue su obsesión, y las demás instituciones que eran características de los pueblos del interior.

Todos los que aspiraron a construir su vivienda obtuvieron su lote y muy pronto se construyeron edificaciones de bahareque, guadua y techo de palma; la primera de ellas fue el puesto militar. En cada lote, además del terreno para hacer la casa, se destinó espacio para la huerta, que colindaba con la del vecino. De esa manera, cada familia contaría con productos de pancoger y animales domésticos.

La proximidad de las huertas fue concebida como estímulo a la familiaridad con los vecinos y a la convivencia. Con el tiempo, cada cual haría su casa con materiales más durables, pero recomenzaron su vida en paz, con un sitio que podían llamar propio en una comunidad donde también habitaban sus parientes, amigos y otros que fueron adversarios, y hasta enemigos pero que ahora eran vecinos.

El coronel sí tiene quien le escriba

Hugo Gamboa cuando fue campeón nacional de salto, años más tarde de su labor en Casanare.

La Paz Olvidada

Mientras todo esto ocurría, tuvo lugar el golpe de Estado de Rojas Pinilla en junio de l953, que entonces se denominó “golpe de opinión”, y comenzaron las negociaciones que culminaron con la entrega de armas de la guerrilla en el Llano. La foto del general Alfredo Duarte Blum negociando en Arauca con Guadalupe es famosa, pero no tanto como la de la larga fila de guerrilleros, con Salcedo y Aljure a la cabeza, entregándoles las armas al general.

No debió pasar desapercibido para los altos mandos y el Gobierno que San Luis de Palenque había sido fundado por un militar con el consentimiento de su superior y ya estaba en paz. A la fundación oficial, que ocurrió en agosto de ese año, acudieron Lucio Pabón Núñez, flamante ministro de Gobierno; el de Comunicaciones, coronel Manuel Agudelo; el jefe civil y militar de los Llanos Orientales, general Alfonso Saiz Montoya, y otras personalidades (ver foto principal de la página anterior).

Poco tiempo después, Hugo Gamboa fue trasladado a Bogotá, a la Casa Militar de Palacio, como edecán del presidente Rojas Pinilla. San Luis de Palenque se benefició enormemente con ese traslado porque Gamboa pudo agenciar desde esa posición la construcción del colegio de la Presentación, regentado hasta hace poco por monjas de esa orden, que tiene uno de los pocos internados de hombres y mujeres en un solo plantel. También se establecieron en esa época la Caja Agraria y el banco de sal para el ganado. Posteriormente se dotó a San Luis de Palenque con todos los servicios.

Esta historia sucintamente relatada es un episodio de la Paz Olvidada, que estuvo vigente entre la entrega de la guerrilla en el Llano y el comienzo de los años 60. Da lugar a varios interrogantes.

Se le ocurrió fundar el pueblo que ahora conmemora esa decisión

¿Cómo se le ocurrió esta idea a un joven teniente con relativa poca experiencia? ¿Era un componente de la doctrina del ejército en esa época y en la escuela militar ya se hablaba de “conquistar las mentes y los corazones”?

¿Si tuvo éxito en San Luis de Palenque, por qué no se repitió esa experiencia en tantos lugares donde habían ocurrido hechos similares? ¿Por qué no se aplicó en Sumapaz, en Villarrica, en Marquetalia? ¿No es esta una experiencia que serviría ahora para darles vida a las poblaciones que van a surgir de los campamentos en los que se han concentrado miembros de las Farc?

Hugo Gamboa no tiene respuestas para todas esas preguntas, pero sí para la primera: Tenía que hacer algo por la gente que con confianza acudió a él para protección y orientación, y se le ocurrió fundar el pueblo que ahora conmemora esa decisión.
¿Qué le quedó de esa experiencia? Lo que conserva es la satisfacción de haber hecho algo tangible a favor de una comunidad en apuros y disfrutar del respeto y el afecto de sus miembros. Este coronel sí tiene quien le escriba.

Testimonio de Margarita Barragán, una de las primeras habitantes de San Luis de Palenque.

Entrevistada por Carlos Enrique Rodríguez, cámara de Felipe Rodríguez.

Me llamo Margarita Barragán, nacida aquí en el Llano, en Guanapalo. A los 22 años me casé en Trinidad con un señor llamado Eugenio Granados, también natural de aquí de la vereda Macucos, cerquita a San Luis de Palenque. En esa época nos tocaba huir y vivir en el monte porque le teníamos miedo a la policía, porque estaban matando a todos los que eran liberales, y como nuestra sangre era liberal nosotros vivíamos allá. Hubo el primer hijo que nació en el monte, y allá seguimos. Ahí ya llegó el Coronel y empezó a reunir a la gente en Guanapalo, y todos buscaban a Guanapalo. Pues nosotros íbamos, pero no vivíamos en Guanapalo. Íbamos de vez en cuando… decían que fuéramos a una reunión, que el Coronel estaba ahí, que daba oportunidades para entregarse uno… A la reunión que él tenía ya asistían bastantes familias en Guanapalo. Nosotros íbamos, sí, pero vivíamos en el monte, no nos fuimos para allá.

Cuando él llegó y caminó todo esto, que no hubo tanto peligro…. se apaciguó un poco. Levantaron la policía y quedaron apenas los que estaban en la guerrilla, que ellos peleaban por las armas para poderse defender de los conservadores. Porque no era más, aquí la lucha no era más.

¿La policía qué actitud o que acciones tuvo en ese momento?
La policía aquí en San Luis no tuvo nada, porque todavía no existía (el pueblo). En Trinidad sí, cogieron mucha gente y los mataron. Todo el que llegaba del campo lo cogían, lo metían a una cárcel en una casa, y los desaparecían. Entonces decían que los mataban allá en la costa de un caño que hay al llegar al aeropuerto de Trinidad y nos fuimos a ver si era cierto. Había cinco muertos allá. Eso daba angustia verlos allá. Los habían matado esa noche –los sacaban de la cárcel y los mataban–. Entonces, la región llanera se levantó y por eso fue que se armaron, también para defender porque era imposible que la policía, los chulavitas que les decían, a los que recogían eran para matarlos.

¿Y qué relación tenía con Guadalupe Salcedo?
(…) ¡no ve que él cogió también a matar al que no quería seguirlo a él! Que estaba formando la guerrilla. Entonces les tocó a última hora que la región de acá de San Luis fuera a Guanapalo a hacer una unión. El ejército vino a Guanapalo después de que fueron a Yopal a hablar. Hablaron con el Coronel (Castillo). Fueron Alcibíades Galvis, Arturo Farfán y Tomás Plata (duda). Fue cuando él vino y puso el puesto en Guanapalo y entonces todos fuimos buscando ese lado… Pero nosotros, donde estoy yo, no nos salimos del monte. Cuando el Coronel nos llegó con el ejército al monte nos daba miedo. Pero decían que era el Coronel, nos acatamos a él y fuimos buenos amigos, buenos colaboradores porque mi esposo fue el que trazó aquí el parque.

¿Y cómo se fundó el pueblo?
Cuando ya dijimos: Coronel, allí en tal parte se puede hacer el pueblo, que él decía que arriba en Macuco y le dijimos “queda lejos el río”. Acá en esta vereda fue que mi abuela Clarisa Bustos dio la finca, un tío José Ana Bustos donó la de él que se llamaba la Albana. Aquí donde es ahora el parque. Dijo “aquí le dejo este terreno. Pueden quitar los alambres, hagan lo que quieran, aquí queda ese terreno”. Y unas familias Colinas tenían casitas por aquí y también donaron. Dijeron que si era para el pueblo que tomaran el terreno que necesitaran. Entonces fue cuando trajeron a mi marido para que trazara el parque aquí, donde era la primera finca, la Albana. El trazó las calles,

¿Cuál fue la primera casa que se construyó?
(… confusión… ) No me acuerdo…. Al lado de la alcaldía… tal vez.

* El presente relato se basa en entrevistas personales con Hugo Gamboa y su esposa, Mariela Rodríguez; en el libro de su segundo en el puesto de Guanapalo que lo acompañó en la fundación de San Luis de Palenque (Carlos Eduardo Cortés Ahumada, Desde la orilla opuesta, la conflagración armada en los Llanos Orientales, 1950 -1953, Bogotá, 2003); y en entrevistas a habitantes de San Luis de Palenque filmadas por Carlo Enrique Rodriguez y su hijo Felipe, parientes de Gamboa el día de la celebración de 64 años desde su fundación.

Rudolf Hommes *
Especial para EL TIEMPO




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