La generación ‘limbo’ que aún no tiene posibilidad de recibir la vacuna:


España arranca la semana con varias modificaciones en la campaña de vacunación contra la Covid en un intento de acelerar el programa y llegar al verano con el 70% de la población vacunada

La campaña no ha descansado durante los días de asueto de Semana Santa, cuando llegaron al país un millón de dosis de AstraZeneca, ni lo hará este lunes de Pascua, con el arribo de 1,2 millones de dosis de Pfizer BioNTech. Las Comunidades se preparan para vacunaciones masivas en recintos cada vez más grandes (en Madrid se suma este lunes el WiZink Center) para poder acelerar y alcanzar la cifra de 24 millones de vacunados a finales de junio. 


En dos semanas espera terminar con la franja de mayores de 80 años, sigue con la inoculación de personal esencial y ha comenzado a poner la AstraZeneca a población general de 65 años y menores. Además, para mediados de mes se espera la llegada de la vacuna monodosis de Janssen, que se usará también para personas mayores 

Sin embargo, a día de hoy hay un colectivo que se encuentra en el limbo: las personas entre 66 y 79 años de edad. Mayores para recibir la AstraZeneca, pero que tampoco entran en el grupo de mayores de 80, a quienes se está aplicando las vacunas de ARN mensajero (Pfizer BioNtech y Moderna). Hasta este lunes, los más longevos de esta franja no han comenzado a recibir estos sueros y ni siquiera está previsto cuándo se inmunizará a los que, en este tramo, bajen de 70.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el Parlamento europeo.

Dentro de los planes de Sanidad, es el siguiente colectivo en ser inoculado, con esas dos vacunas y con la de Janssen. De acuerdo a la más reciente actualización de la estrategia, están dentro del grupo 5, personas vulnerables por su edad, no residentes de centros de mayores.

Este grupo está subdividido en 5A (personas de 80 y más años de edad, que ya están siendo vacunadas), 5B (entre 70 y 79 años) y 5C (66 a 69 años).

Pero de momento siguen a la espera. Solo se han vacunado un 3,8% de las personas de esta franja de edad, casi todos por ser pacientes de alto riesgo o pertenecer a colectivos como trabajadores esenciales o Fuerzas Armadas. Ello que ha generado muchas, dudas, preocupaciones e incluso pesimismo en muchas personas. 20minutos ha entrevistado a algunas de ellas. Todas están jubiladas y ninguna ha recibido cita para vacunarse.

“Estamos congelados”

Manuela León tiene 68 años, está jubilada y vive en Getafe (Madrid). Tiene problemas de hipertensión, pero en este año de pandemia no ha resultado contagiada.

Manuela León

MANUELA LEÓN

  • 68 años, vive en Getafe (Madrid)

“Estamos congelados”, responde sobre la perspectiva de recibir pronto la vacuna. Como muchas otras personas, tiene muchas dudas sobre las secuelas de la inoculación y admite que “tiene algo de miedo” si finalmente se le asigna la AstraZeneca . “He escuchado que de momento la vacuna es efectiva, pero que a la larga no se sabe mucho de los efectos secundarios”.

Sin embargo, está dispuesta a acudir a la cita cuando la llamen (“con mucho recelo, pero qué vamos a hacer”) pero critica la forma en la que está siendo gestionada la campaña, en la que falta más información y claridad por parte de las autoridades sobre la gestión de las vacunas en particular y de la pandemia en general.

“Nadie sabe que es lo que va a pasar con la Covid, ni ellos mismos se aclaran. Pero mientras tanto, todos estamos pagando el pato”

“Nadie sabe que es lo que va a pasar con la Covid, ni ellos mismos se aclaran”, señala. “Pero mientras tanto, todos estamos pagando el pato”. 

“Espro que no me dejen tirado”

Rafael Herrera es un informático jubilado de 66 años que  vive en el madrileño barrio de Palacio. Se pone al teléfono desde las afueras del Wanda Metropolitano, pues ha acompañado a su esposa, de 64 años, que ha sido citada para la vacuna.

Rafael Herrera

RAFAEL HERRERA

Ninguno de ellos es personal esencial, ni grupo vulnerable ni otra circunstancia que les dé prioridad en la vacunación. Su esposa ha recibido la llamada para la AstraZeneca por ser menor de 65 años, aunque él queda fuera de momento de esa posibilidad. “Espero que no me dejen tirado”, comenta.

Rafael dice que está a la expectativa de recibir pronto el medicamento. “Estoy tranquilo. Bueno, enfadado, pero no por esto, sino por la gestión de la pandemia”.

“No se sabe qué va a pasar, estamos un poco en el limbo, ¿y a quién podemos recurrir para saberlo?”

El exinformático critica también la confusión generada con tantos cambios en los planes de vacunación. “Cada día amaneces con algo nuevo, hay mucha incertidumbre”, señala. “No se sabe qué va a pasar, estamos un poco en el limbo, ¿y a quién podemos recurrir para saberlo?”

Imagen de un hombre con mascarilla en una playa canaria.

Sobre las dudas que ha generado la vacuna AstraZeneca, que su esposa está recibiendo mientras habla con este diario, Rafael indica que lo realmente importante es que la mayor parte de la población esté vacunada. “MI mujer está encantada de que le hayan llamado”.

Y es que, agrega, la reacción que puedan hacer los medicamentos varían de uno a otro paciente y no se puede generalizar. “¿Sabe alguien si la vacuna de Moderna va a dar problemas? Lo que a uno le sienta bien a otro puede que no, todo depende de cada persona”.

Rafael termina comentando el operativo en el Metropolitano: “No hay ningún alboroto, la gente está muy bien, guardando las distancias, bastante bien organizado”.

“No hay vacunas”

Para Juan Carlos Tuya, de 70 años y vecino de Getafe, el problema en la inmunización de la gente de su edad es diáfano: “No hay vacunas, está claro. Es el principal problema”.

Juan Carlos Tuya

JUAN CARLOS TUYA

  • 70 años. Vive en Getafe (Madrid)

Juan Carlos creía que iba a tener algún tipo de preferencia por su condición: tiene un trasplante de riñón, lo que le obliga a tomar inmunodepresores, pero no ha sido así. Las bajas defensas lo hacen más vulnerable al coronavirus y a cualquier enfermedad.

De hecho, su trasplante no fue fácil. Tuvo dos rechazos, y al tercero, hace nueve años, su organismo respondió. 

Afortunadamente, no ha tenido mayores problemas durante la pandemia. De hecho, incluso ha podido llevar a su padre, de 97 años y que vive con él, a que lo vacunaran. Recibió la segunda dosis la semana pasada. 

Pero durante este año de emergencia su actividad ha estado bajo mínimos. Sale solo a lo estrictamente necesario, como hacer alguna compra o al médico, pero poco más. 

“Llevo un año sin entrar a una cafetería a tomarme un café”

“Llevo un año sin entrar a una cafetería a tomarme un café”, comenta. “Antes comía con mi hija y mis nietos todos los domingos, y ahora ya hace un año que no los veo, así que estoy deseando que me vacunen”.

Pero una cosa sí ha notado Juan Carlos, y es que en los centros médicos, a los que a veces tiene que acudir a hacerse análisis o a consultas, se han relajado las medidas. Salas de espera más llenas, menos uso del gel y nadie toma ya la temperatura al entrar. Al menos en los centros médicos a los que ha acudido últimamente. 

“Parece que desde que los han vacunado, los sanitarios han perdido el miedo”, dice. “Nos tratan a los pacientes con menos cuidados que en la primera ola”.

“Lo veo negro”

Teresa Losada es una profesora universitaria jubilada que vive en Pozuelo (Madrid). Casi tiene 75 años, acaba de pasar por una operación coronaria y es muy crítica con el Ejecutivo de Pedro Sánchez, a quien culpa de no haber “sacado la cara” para conseguir más vacunas o no tomar decisiones importantes, como controlar más las fronteras

Teresa Losada

TERESA LOSADA

  • 75 años. Vive en Pozuelo de Alarcón (Madrid)

Lo veo negro, no creo que sea fácil que el Gobierno se haga con vacunas para nosotros los intermedios”, estima. “Nos terminarán poniendo la vacuna española, dentro de dos años”.

“No creo que sea fácil que el Gobierno se haga con vacunas para nosotros los intermedios. Nos terminarán poniendo la vacuna española, dentro de dos años”

Considera que el Gobierno pudo haber defendido mejor los intereses del país y “sacar la cara” para conseguir más dosis. “Es una vergüenza, no hacen nada”.

Ante estos resultados, cree que hubiera sido mejor que se hubiera permitido a a las Comunidades Autónomas negociar por su cuenta la adquisición de vacunas, en veaz de estar dependiendo del Gobierno central. Como hizo Madrid en los primeros momentos de la pandemia, agrega, para conseguir mascarillas y material sanitario.

“La pandemia al principio la gestionó el Gobierno, el llamado mando único, entonces fue cuando no había ni EPI ni mascarillas y los sanitarios se vieron obligados a recurrir a las bolsas de basura”, recuerda.

Tras un año de pandemia, Teresa se dice cansada de la situación y con ganas de vacunarse para recuperar un poco de la normalidad perdida. 

“Me urge vacunarme por seguridad, para tratar con mis nietos sin preocupaciones”, indica. “Abrazaría más, sin duda. Por eso la necesito”.



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