Israel y el coronavirus: entre el éxito y el gran deterioro – Medio Oriente – Internacional



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Este jueves en la noche, el gabinete para el control del coronavirus de Israel aprobó un cierre de dos semanas en todo el país, tras el cual habría otra quincena de serias restricciones, en un declarado intento de reducir el ritmo de contagios en la pandemia del virus.

El permiso definitivo lo deberá dar el gobierno todo el domingo y la intención es que se comience a implementar la decisión el miércoles próximo o viernes, víspera de Año Nuevo judío.

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La medida incluiría el cierre de absolutamente todos los negocios no esenciales, restaurantes, cafés, sitios de entretenimiento, la prohibición a la ciudadanía a movilizarse más allá de 500 metros de su casa y la clausura de las clases.

Israel era meses atrás uno de los casos más ejemplares del mundo todo en cuanto a la reacción a la pandemia del coronavirus. Gobernantes extranjeros consultaban con el Primer Ministro Benjamin Netanyahu.

Los números lo decían todo. Se estaba saliendo de la primera vuelta y nadie aquí aseguraba siquiera que habría una segunda. Pero eso parece hoy un pasado mucho más lejano de lo que realmente es en el tiempo. Y hoy, Israel ocupa el dudoso primer lugar en el mundo en la cantidad de nuevos infectados diarios calculado por millón de habitantes.

Israel

El nuevo gobierno tendrá que sacar a Israel de la crisis del coronavirus y levantar la economía tras la emergencia.

El jueves en la mañana se publicó, como todos los días, la cantidad de nuevos contagiados de covid-19 en las 24 horas anteriores, batiéndose nuevamente todos los records: casi 4.000 nuevos infectados. Y especialmente importante es que de ellos, 3.200 se hallan fuera de las así llamadas “zonas rojas”, o sea aquellas localidades con alta proporción de enfermos. O sea: la pandemia está prácticamente en todo el país.

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¿Qué ocurrió? ¿Cómo se pasó de una situación ejemplar al serio deterioro actual? La explicación es una combinación de factores: se salió demasiado rápido del cierre en la primera vuelta, la ciudadanía no se cuida lo suficiente y el gobierno no manejó el tema debidamente, lo cual-y no sólo por el efecto económico dramático del prolongado cierre en la primera vuelta- causó una seria crisis de confianza en las autoridades.

“Si hubo una estrategia de salida de la primera ola, no funcionó”, dijo a EL TIEMPO el Profesor Arnon Afek , Director General Asociado del Centro Médico Sheba Tel Hashomer.

“Y no se debe imponer cierre, sin tener claro cómo se sale del mismo”. “Israel salió en forma totalmente acelerada de la primera ola”, dijo a este diario el periodista israelí Ran Reznik, destacada comentarista en temas de salud pública en el periódico “Israel Hayom”.

“Se abrió todo demasiado rápido, desde las clases hasta las actividades a distintos niveles. Y no se supo frenar en el momento necesario”. El problema es que tampoco al captarse claramente el deterioro que estaba dándose a pasos agigantados, se supo poner el pie en el freno.

Hace algunas semanas, el Primer Ministro Netanyahu dijo que al llegar el día de comienzo de clases, el 1° de setiembre, se tendría que haber logrado bajar a un ritmo de no más de 400 nuevos casos por día. Se está ya en 4.000 y recién ahora se ha comenzado a hacer algo.

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Protestas en Israel

El país registra un ritmo de contagios de cerca de 4 mil positivos diarios.

“No se puede seguir sin tomar decisiones tajantes, es ineludible adoptar medidas muy claras, así no se puede seguir”, declaró la Profesora Galia Rahav, Directora de la Unidad de Enfermedades Infecciosas en el Centro Médico Sheba-Tel Hashomer.

En una entrevista a la radio pública israelí comentó en tono crítico que el gobierno esté analizando cosas como “la apertura de los cielos”, cuando la situación de la pandemia es tan grave. “¿Estamos en el mismo país? No lo entiendo”.

El Director del Hospital Rambam de Haifa Dr. Miki Halbertal ya advirtió que “esto es una catástrofe” . Y de otros lados sitio se recordó que ya ahora se ha ido dañando la calidad de atención dada a la población, por la necesidad de cerrar departamentos enteros a fin de poder atender a los enfermos de Covid-19.

Aunque el virus está en todo el país, se ha propagado con especial fuerza en los últimos tiempos especialmente entre los ciudadanos árabes , por la realización de numerosos eventos multitudinarios, bodas con cientos o miles de invitados, a las que por razones sociales y culturales, ningún invitado quiere faltar.

Y es notoria la propagación del virus en el sector de los judíos ultraortodoxos, en parte también por lo numeroso de las familias. Debido a esta situación, el Coordinador supremo de Coronavirus, el Profesor Roni Gamzo, había sugerido aplicar un sistema de cierres diferenciado según la situación en cada localidad.

Pero el gobierno se demoró sobremanera, en gran medida por maniobrar con presiones políticas, y no hizo casi nada en las últimas semanas . “Ahora ya no se puede usar ese sistema”,declaró el Director General del Ministerio de salud Pública Profesor Hezi Levy. “Esperamos que podamos volver a él después, pero ahora, con los números de Coronavirus en Israel, hay que hacer algo generalizado”.

“¡Baste de casamientos! ¡Basta de aglomeraciones!”, casi imploró el ya mencionado Profesor Gamzo. “Hay que cuidarse, cuidar a los demás, máscara, distanciamiento, higiene, es lo más básico”.

Y el Profesor Hagai Levine, que encabeza la Sociedad de Médicos de Salud Pública de Israel, declaró a EL TIEMPO que “el problema central, a mi modo de ver, es la falta de confianza en el gobierno, derivada en gran medida de la falta de claridad con que éste ha actuado”.

“Hay indicaciones contradictorias. La única forma es decir la verdad y convencer al público con mensajes claros que dan más fuerza a la población en lugar de debilitarla. Hay que trabajar juntos y a través de las comunidades. No hay salud pública sin el público”, advirtió.

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Esa desconfianza deberá ser salvada en las próximas semanas, ineludiblemente, para salir de la crisis. La responsabilidad por el deterioro es compartida sin duda, entre el gobierno y la población.

JANA BERIS
PARA EL TIEMPO
JERUSALÉN



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