Exposición ‘Háblame, amor’ se presenta en el MamBo – Carrusel



[responsivevoice_button voice=”Spanish Latin American Female” buttontext=”Escucha esta noticia”]

Guardar objetos de una expareja es un pecado romántico que pocos confiesan. Es un intento por conservar un trozo de una historia de amor –o desamor– que terminó. Y así, depositando preguntas y sentimientos en esos objetos, se les convierten en reliquias, en tesoros que solo tienen valor ante sus ojos.

Esta idea inspiró a la artista plástica Adriana Marmorek (Bogotá, 1969) a crear la exposición Háblame, amor, que se exhibe hasta el 21 de enero en el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MamBo). Se trata de una muestra de reliquias donadas por personas que conservaron algún recuerdo de sus examores, y que finalmente decidieron soltar. Cepillos de dientes, un alambre de ortodoncia, juguetes sexuales y hasta un molde de vagina forman parte de la colección que Marmorek presenta, junto a pequeños sumarios de la historia que llevan detrás.

Esta exhibición comenzó con un objeto muy particular… ¿cómo llegó a sus manos el molde de una vagina?

Fue maravilloso… un hombre –que era el novio de mi cuñada– llega a mi taller buscándole destinatario a algo que él no podía botar (…). Cuando la recibí fue como ‘la voy a guardar, pero no tengo ni idea de qué voy a hacer con ella’. La olvidé por muchos años, y, después de leer La mancha humana, de Philip Roth, y del asunto del vestido de Mónica Lewinsky, inmediatamente vino esta idea de ‘¿qué es lo que guardamos de un amor?’.

¿Cómo definiría la exposición?

Háblame, amor no está buscando que el amado responda. Es una pregunta para el amor. Esta es una instalación introspectiva; yo quisiera que la gente pudiera recorrerla con calma, con la capacidad de oír y sentir. De pronto alguien viene, oye bien y logra saber qué dice el amor.

Cuando comenzó el proyecto, las reliquias no eran donadas, sino prestadas…

La primera vez que hice esto fue con reliquias robadas, es decir, ‘¿qué tienes tú que el otro no sabe que tienes? Y no me lo des, dame una foto’.

Así mostré unas reliquias. Después, cuando fui seleccionada para el proyecto Museo Efímero del Olvido (2015) recolectamos 51 reliquias que eran exhibidas y devueltas a sus dueños. Pero cuando se iba a acabar la exposición, yo dije: ‘¿efímero del olvido? Esto no puedo devolverlo’, así que pedí autorización para quemarlas. Ahí fue cuando quemamos los vestidos de novia y otras reliquias que aparecen en fotos puestas en las mesas (de la exposición).

JIMENA PATIÑO
Revista Carrusel




MÁS INFORMACIÓN

¿Deseas opinar sobre este artículo?