Exposición de Rosario López en galería maCa – Arte y Teatro – Cultura


Cuando la comediante plástica bogotana Rosario López llegó al Parque Natural Uluru-Kata Tjuta, situado en el centro de Australia, tuvo un sentimiento que tocó de inmediato su fibra artística. Y no es para menos: encontrarse con un monolito de 350 metros que se erige solitario en medio de un desierto es poco único. En distinto, cuando se comienza a ver ese encaje de tonalidades con la luz, a medida que avanza el día.

Este sitio en particular fue una de las fuentes de inspiración de ‘Un emplazamiento extraño’, la más flamante muestra que López presenta en la colección capitalina maCa.

En su afán por explorar territorios, que nutren su trabajo y su curiosidad en torno a la idea de ‘hueco’, López se ha vuelto una nómada incansable. De esta forma, ha explorado –como anota el crítico Nicolás Gómez– “el derrota de California, el desierto en Paracas, las nubes de Machu Picchu, el paso del tiempo en el Perito Pardo, el suelo en Uyuni, las esquinas de Bogotá”.

“Me atrae mucho esa visión del explorador que va, recorre, invitado, toma muestras, hace registros y luego ya empieza a inclinarse esa información en el estudio”, explica la comediante, cuyo interés se relaciona, tal vez, con su otra afición como docente en la Universidad Doméstico.

En esta oportunidad, su preocupación se centra en la idea de distancia, entre Bogotá y aquel parque “intocable” para los australianos, gracias a un tesina de investigación que desarrolló en ese país en el 2015.

La comediante anota que ‘Un emplazamiento extraño’ pretende ser un pedazo de esa experiencia, a través de piezas trabajadas en diferentes formatos como fotografía, dibujos y esculturas en bronce, tela y cerámica ahumada.

“Esta es una invitación para que el conocido principio a establecer una serie de relaciones tanto formales como poéticas, y que el mismo espectador vaya creando esa idea de ‘emplazamiento extraño’. ¿Qué es? ¿Es un emplazamiento ideal, es un emplazamiento interior, es un emplazamiento metafísico, está en otro sitio de la Tierra?”, se pregunta López.

Me atrae mucho esa visión del explorador que va, recorre, invitado, toma muestras, hace registros y luego ya empieza a inclinarse esa información en el estudio

En ese sentido, Nicolás Gómez se atreve a suscitar su ojeada sobre la propuesta de la comediante.

“Se proxenetismo de un emplazamiento sin nombre, un emplazamiento extraño (pero no desconocido), hecho de materia y hueco, de áreas y contornos, límites y contenidos, horizontales y verticales, dureza y blandura”, comenta el crítico.

Interiormente del conjunto de piezas, cobra protagonismo una escultura de cerámica ahumada, que conecta al espectador con el monolito australiano, pero todavía –como explica la comediante– con esa tradición ceramista del oficio.

“Pero todavía está referida a esa idea del departamento y espacio que para mí son temas que han estado todo el tiempo latentes en mi trabajo y que se complementan con la presencia de las fotografías en la exposición”, anota, acerca de registros de larga exposición del monolito australiano y de la Vía Láctea que se aprecian en una de las paredes.

En cierto modo, esta es una invitación de López al espectador para que este visite su propio departamento. “Uno siempre está tratando de conocerse, de reconocerse a través de objetos, de imágenes e, incluso, del otro. Esta es una excusa para hacer un alucinación interior y conocerse aún más”, dice.

La muestra todavía continúa un tesina precedente que la comediante hizo en el Archivo de Bogotá, en el que indagó sobre el espacio de la sala de exposiciones de esta edificación que construyó el arquitecto Juan Pablo Ortiz.
¿Dónde y cuándo?

Hasta el 22 de abril, en la colección maCa (Calle 26B n.° 3-47, Bogotá.). Informes en el teléfono (1) 341-7150.

CARLOS RESTREPO
Civilización y Entretenimiento



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