Elecciones presidenciales en Bolivia para definir si pone fin a la era de Evo Morales – Latinoamérica – Internacional



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Bolivia tiene pendiente elegir presidente desde octubre de 2019. Ya ha pasado casi un año desde las elecciones que desembocaron en la renuncia de Evo Morales pocos días después de las protestas ciudadanas que se desataron tras unos comicios que fueron tachados como fraudulentos. Desde entonces, el país arrastra una nefasta crisis política.

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Los bolivianos acuden este domingo a las urnas para definir quién tomará las riendas del país a fin de enfrentar el lío institucional que desató la salida de Morales y los retos que ahora tiene la nación por cuenta de la pandemia del covid-19.

“Este domingo se juega la resolución de una crisis política arrastrada desde octubre del año pasado (…). Además, Evo Morales está jugando su jubilación de la política, ya que en este periodo electoral se ha demostrado que el Movimiento al Socialismo (MAS) puede existir sin Evo Morales”, le dijo a EL TIEMPO Marcelo Arequipa, doctor en Ciencias Políticas y docente de la Universidad Católica Boliviana.

Entre los candidatos, precisamente, hay una ficha cercana al expresidente que hoy tiene las banderas del (MAS) y capitalizó el electorado que seguía a Evo. Se trata del izquierdista Luis Arce, exministro de Economía durante el mandato de Morales y quien lidera la intención de voto con un 33,6 por ciento.

En segundo lugar en las encuestas está el exmandatario centrista Carlos Mesa (con el 26,8 por ciento de la intención de voto), quien representa un ala de la oposición que busca arrebatarle una nueva presidencia al MAS.

Este domingo se juega la resolución de una crisis política arrastrada desde octubre del año pasado (…). Además, Evo Morales está jugando su jubilación de la política.

En la contienda hay otros cinco candidatos con escasas probabilidades. Sin embargo, entre ellos se destaca otro opositor al MAS, Luis Camacho, quien aglutina el 13,9 por ciento de los votantes, y cuyos votos podrían inclinar la balanza en caso de segunda vuelta, un escenario que aún no está del todo descartado.

Con este panorama, Bolivia tratará de reacomodar el rumbo del país y salir adelante de la polarización entre partidarios y opositores a Evo. “En el país vivimos una suerte de crisis múltiple y simultánea (…). Hay una tensión social porque los sectores políticos están listos para movilizarse ante cualquier cosa que amenace sus intereses”, le explicó a este diario María Teresa Zegada, politóloga y profesora en la Universidad Mayor de San Simón, en Bolivia.

El país está sumido en un caos político, debido a que ha estado casi 365 días sin un líder electo respaldado por un proceso democrático. Hasta ahora, la presidencia interina de Bolivia ha estado encabezada por Jeanine Áñez, quien era vicepresidenta del Senado en la época en la que Evo renunció y tuvo que posponer en dos ocasiones las elecciones este año a causa de la pandemia (mayo y septiembre).

Pero como reconoce Zegada, la mayoría de instituciones, exceptuando el órgano electoral del país, están ante una situación de vulnerabilidad.

“El ejecutivo transitorio ha agotado todas sus opciones de permanecer en el poder. Hay un legislativo fuera de mandato: debimos tener nuevas autoridades el pasado 22 de enero, pero se prorrogó para no desbaratar el escenario político (…). Tenemos una precariedad institucional muy grande que exige que las elecciones ayuden a recomponer de alguna manera esta situación”, dijo la analista.

Elecciones en Bolivia

Seguidoras del candidato de Evo Morales, Luis Arce, en El Alto.

El ejecutivo transitorio ha agotado todas sus opciones de permanecer en el poder. Hay un legislativo fuera de mandato: debimos tener nuevas autoridades el pasado 22 de enero.

Esto se refleja, por ejemplo, en que el gobierno transitorio de Áñez ha mantenido un pulso político con el Legislativo, que sigue en manos del MAS. Ambas partes se acusan de bloquear iniciativas y vulnerar normas.

De hecho, Áñez se ha negado a promulgar algunas leyes aprobadas en el Parlamento, las cuales fueron firmadas posteriormente por la presidenta del Senado, Eva Copa, miembro del MAS.

Por otro lado, las elecciones también definirán la tendencia política que regirá en el país: si un retorno a la izquierda con el MAS, o continuar el giro iniciado en la gestión transitoria de Áñez hacia la derecha. Esa inclinación se reflejará, inevitablemente, en la política exterior boliviana.

Durante la presidencia de Morales, Bolivia mantuvo cercanía con países como Rusia, China, Cuba y Venezuela, y se distanció de Estados Unidos, al que acusó varias veces de conspirar en su contra. Bolivia también fue parte de bloques como la Unasur, la Celac, y el bolivariano Alba, por la afinidad ideológica de Morales con los gobernantes que impulsaron esas identidades.

Áñez, por su parte, suspendió relaciones con Cuba y con Nicolás Maduro, retiró a Bolivia del Alba y empezó a tramitar su salida de Unasur. Además de mantener tensiones con el Ejecutivo argentino, al que acusa de intromisiones para proteger a Morales, quien reside en ese país desde diciembre.

Por otro lado, una de las principales misiones del ganador será afrontar el golpe que la pandemia le ha asestado a la economía boliviana, que registró una caída del 7,8 por ciento de enero a julio, y se prevé que cierre el año con un descenso de 6,2 por ciento.
Por su parte, el desempleo subió al 11,6 por ciento, datos negativos atribuidos a la cuarentena que rigió en Bolivia desde finales de marzo hasta agosto.

Inevitablemente, la elección y la campaña electoral giran en torno al legado de Evo y las políticas impulsadas por el MAS durante los últimos años. Desde que salió del país, y en el exilio, la sombra de Morales ha estado presente en el país.

Aunque la analista Zegada reconoce que Arce ha intentado desligarse por momentos de Morales para mostrar un nuevo liderato en el MAS, del cual el expresidente ha sido durante los últimos 13 años una piedra angular, lo cierto es que la imagen de Evo como político aún provoca pasiones que motivarán la participación electoral de los sufragantes.

“En realidad, la elección es una que podríamos llamar plebiscitaria, porque la población no está optando por programas políticos. Lo que está en juego es esta pugna política por definir el futuro del país en términos de si el MAS retorna al poder o si la oposición logrará un escenario de renovación”, agregó Zegada.

De hecho, en las últimas semanas, dos candidatos, incluida Áñez, se retiraron por temor a que Arce pueda triunfar sobre sus oponentes si van divididos, lo que permitiría la victoria del MAS.

Si Arce no logra ganar con la mayoría absoluta de los votos, la segunda vuelta, que sería el 29 de noviembre, favorecería a Mesa, ya que es probable que los partidarios de los otros candidatos antisocialistas, como Camacho, voten en contra el delfín de Evo.

“La renuncia de la candidatura de Áñez fue la que más afectó las fichas electorales. La presidenta interina, al haber renunciado, reorganizó el tablero electoral. Ahora en el bloque anti-MAS hay una suerte de llamado al voto, pero con base en sentimientos negativos, al miedo y al odio”, acotó Arequipa.

Elecciones en Bolivia

Seguidores del candidato centrista Carlos Mesa, en Santa Cruz.

En realidad, la elección es una que podríamos llamar plebiscitaria, porque la población no está optando por programas políticos.

En medio de este complejo panorama, Bolivia aún tiene un desafío adicional: pasar con éxito el día de las elecciones.

“Hay anuncios de algunas fuerzas políticas de no respetar el resultado, de que habrá fraude. Esto nos pone en riesgo porque ya hemos vivido este proceso. Esperemos que no haya una reacción con un escenario de convulsión social. Por ahora, el mayor desafío es pasar el día de la elección”, puntualizó Zegada.

Y también hay dos preguntas abiertas en la política latinoamericana: ¿volverá Evo a Bolivia a responder por las cuentas pendientes que tiene con la justicia si gana Arce? ¿Se quedará por fuera de su país en caso de que gane Mesa?

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Carlos José Reyes, Redacción Internacional
* Con información de agencias





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