El significado de Baracunatana y otras historias de Lisandro Meza – Música y Libros – Cultura




Eran los 80 cuando Lisandro Meza puso a Colombia a bailar con un trabalenguas que aún muchos repiten sin saber qué significa, pese a que Aterciopelados retomó la canción y le agregó unas cuantas palabritas en los 90.

Se trata de Baracunatana, tema insignia del acordeonero y cantante sabanero –aunque la letra fue compuesta a petición suya por su autor de cabecera, Leonidas Plaza– que junto con Las tapas hace parte de las infaltables de este juglar del folclor sabanero, y nació en un viaje del artista hacia Venezuela.

El relato de su historia fue uno de los momentos más emocionantes de la charla de Lisandro Meza con el periodista Alberto Salcedo Ramos, en el cierre del Carnaval Internacional de las Artes de Barranquilla, el domingo pasado.

Lisandro Meza ha cultivado éxitos musicales por decenas, uno que fue su referencia para que lo llamaran de Los Corraleros de Majagual (Juventud flaca y loca, grabada a sus 17 años), para reemplazar a nadie menos que a Alfredo Gutiérrez, destacó Salcedo Ramos. Y al llegar a un grupo conformado por nombres que junto con el suyo son leyendas –Eliseo Herrera y Calixto Ochoa, entre otros– tuvo que demostrar primero que estaba a la altura.

“Dijeron que me iban a firmar exclusivo –relató Lisandro ante los asistentes del Parque Cultural del Caribe– en Discos Fuentes. Les dije: ‘Yo no soy como Alfredo Gutiérrez, tengo una concepción diferente del acordeón. Si ustedes me dan cuatro músicos, les hago una maqueta para el lunes y si les gusta, voy”.

Según el artista, al lunes siguiente decían: ‘Vamos a ver qué hizo Beethoven’ y él les presentó una canción. Se quedó y le dieron la tarea de hacerle los arreglos a Los Corraleros de Magajual. “El primero que hice fue el de El caballo relinchón, que cantó Calixto Ochoa, después hice La burrita y Hace un mes”.

Entre otras de sus improntas, además de canciones y arreglos estuvo el apodo que le puso a Julio Estrada, que entonces era el joven que limpiaba los instrumentos. Lo llamó ‘Fruko’ y la historia dice que fue para siempre.

Lisandro Meza ha cultivado éxitos musicales por decenas, uno que fue su referencia para que lo llamaran de Los Corraleros de Majagual

También vio comenzar a Joe Arroyo, incluso, cuando se independizaba de Los Corraleros de Magajual y estrenaba su conjunto, Los Hijos de la Niña Luz. Meza estuvo a punto de cederle Las tapas a ese jovencito talentoso, Arroyo.

“Lo lleve un día a grabar. Dije: ‘Voy a poner a este pelao a grabar Las tapas’ y le dije: ‘Si tú le das el gusto del folclor, grabas el tema y quedas inmortalizado para siempre. El cantó, pero le faltaba el viaje, porque el folclor había que saberlo cantar y no todo el mundo sabe. Joe después hizo otras cosas, pero en ese momento aún le faltaba. Entonces, la grabé yo y fue el primer golpe que hice con Lisandro Meza y Los Hijos de la Niña Luz”.

La niña Luz es la esposa de Meza, desde hace 62 años. “Una periodista una vez me preguntó: ¿Por qué le dicen El Macho de América? (así lo llaman en Perú). Y le contesté porque cuando mi mujer me pega, no lloro”, relató Meza, nacido en un corregimiento de Sucre, en 1937. 

Meza aprendió a tocar acordeón a escondidas del dueño del instrumento, que era un trabajador en la finca de su padre. El hombre, Pedro Socarrás, se iba a trabajar y Meza se metía a sacarle sonido al acordeón. “Decía la gente que Socarrás tenía pacto con el diablo, porque el acordeón se tocaba solo. No sabían que era yo”. Cuando su padre descubrió su talento, le mandó traer un acordeón y así empezó el trasegar de décadas.

“El don rítmico se lo da Dios a uno –expresó el músico que además interpretó canciones como La gran miseria humana (grabada en 1976) en la velada final del Carnaval de las Artes–. Como que Dios me dijo: Te voy a dar el don del ritmo para que goces de la vida y pongas a gozar a todo el mundo”.

No podía faltar la historia detrás de Baracunatana y su significado: “Llegaba a Maicao y un día no vi al que me bajaba la maleta –recordó el maestro–. Cuando lo vi, le dije: ‘Quiubo, qué pasó, que no te veo’. Respondió: ‘No, viejo Lisa, pasa que la ‘lea’ que yo tenía se me volvió cucharambí, se me volvió curuculocolo y también baracunatana”.

Meza aprendió a tocar acordeón a escondidas del dueño del instrumento, que era un trabajador en la finca de su padre

Y siguió un diálogo más o menos así:

-¿Y baracunatana qué es?

-Que le gusta el monte.

-¿Y cucharamí?

-Usted está en nada, viejo Lisa, tiene que quedarse en Maicao para que aprenda.

– ¿Qué es cucharamí?

-Que le gustan las otras viejas…

-¿Y turucunocolo…?

“Eso si no se puede decir –afirmó Meza poniéndole suspenso al auditorio-. ¿O se los digo?

-¿Es que usted no se lo imagina: … turun… culo…locolo?”

LILIANA MARTÍNEZ POLO
REDACCIÓN DE CULTURA
Barranquilla
*Por invitación del Carnaval Internacional de las Artes



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