Dr. Q: El hombre que venció al destino


Antes de convertirse en el Dr. Q, un reconocido neurocirujano a nivel mundial, Alfredo Quiñones, fue un niño mexicano de bajos recursos que, junto a su madre y hermanos, miraba las estrellas sobre el techo de su casa soñando con un futuro mejor.

Esas ilusiones lo llevaron a cruzar la frontera hacia Estados Unidos. A los 19 años finalmente logró cruzar y se encontró en un país extraño, con un idioma que no hablaba, pero atraído, como muchos otros, por el sueño americano.

Allí, mientras trabajaba como jornalero, descubrió de qué están hechas las ilusiones: de trabajo constante, determinación y la firme creencia que cualquiera puede llegar a ser lo que se proponga.

Con esfuerzo logró pasar de trabajar la tierra a graduarse con honores en la escuela de medicina de la Universidad de Harvard. Ha obtenido múltiples reconocimientos por su trabajo, y actualmente trabaja como director del Departamento de Cirugía Neurológica en Mayo Clinic de Florida,

Así, el niño que miraba las estrellas se convirtió en una de ellas y actualmente parte de su historia se puede ver en la serie de Netflix The Surgeon’s Cut.

En una entrevista para este diario el doctor Quiñones nos habla de su vida, su trabajo y sus creencias.

¿Qué significa para usted la palabra frontera?

Para mí, la frontera significa algo que nos divide. Algo frente a mí, algo alto, que me permite ser creativo, pensar e imaginar. Ver más allá de la limitación y ver en el horizonte. Usar mi cerebro para ver más allá de lo que los demás pueden ver. Y con los obstáculos que tenemos todos, veo oportunidades.

A los 19 años, Quiñones logró cruzar a un país con un idioma que no hablaba, atraído por el sueño americano. A finales de la década de 1990 ya había ingresado a Harvard.

¿Cuáles cree que son las verdaderas limitaciones que hay en la vida?

Crecí en la pobreza con pocas oportunidades, pero crecí con una gran imaginación, así que crecí rico. Creo que las limitaciones reales en la vida son las limitaciones que nos ponemos a nosotros mismos, no las limitaciones físicas que otra persona pueda ponernos. Ni las fronteras, ni las barreras, ni escuchar constantemente que no podemos hacerlo. Pero si crees en tu corazón que puedes hacer algo, si crees que puedes alcanzar el cielo, que puedes alcanzar las estrellas, y si estás dispuesto a trabajar duro y dedicar largas horas de sacrificio y dedicación para cumplir tus objetivos, entonces tu espíritu te llevará a un gran pero gran objetivo.

¿Cómo se siente saber que una persona confía su vida en usted?

Cuando alguien pone su vida en tus manos es una tremenda responsabilidad. Es mucho peso sobre tus hombros saber que su vida depende de tu éxito. Especialmente para mí en el quirófano, ya sea por algo que hago o por algo que no, ya que puede llevar a lastimar potencialmente a un paciente y quitarle la vida.

Entonces, ¿cómo me siento al respecto? Asustado, aterrorizado. Pero al mismo tiempo siento el privilegio y estoy agradecido por el regalo que les estoy dando todos los días a mis pacientes y su familia cuando confían en que entraremos a esa arena que es el quirófano y yo voy a hacer todo lo posible para luchar por ellos y sacarlos del quirófano triunfantes.

Actualmente tiene una fundación, Mission: Brain, para ayudar a personas de escasos recursos. ¿Cuál ha sido para usted la importancia de recordar sus orígenes?

Mi fundación, que es una organización sin fines de lucro, sirve para construir puentes, para empoderar y ayudar a los que menos tienen.

Parte de mi vida es ayudar a los que tienen muy poco y darles esperanza. Y esto ha sido una parte importante y crucial de mis orígenes. Creo y siento que para poder comprender y construir tu futuro, debes tener los pies sobre la tierra y comprender que tu pasado forma parte de tu futuro. Debes sentirte orgulloso de tus orígenes, tus comienzos. No importa cuán humildes o privilegiados sean. Pero al mismo tiempo, debes mirar ese pasado como una oportunidad para aprender.

Dr. Q: El hombre que venció al destino
El libro del neurocirujano que entró a Estados Unidos a finales de la década de 1980 está disponible para la venta en Amazon.

Usted estudia, examina y toca el cerebro, científicamente la raíz de lo que somos. ¿Influye eso en su espiritualidad? ¿O en cómo usted percibe sentimientos como: esperanza o amor?

El cerebro es la frontera inexplorada, es lo inimaginable, es lo que nos permite amarnos unos a otros, hacer hacer cosas maravillosas y hermosas, aunque a veces hacemos cosas de las que no estamos muy orgullosos.

Creo que, a mi manera, en mi propia espiritualidad, en mi forma simple de pensar, tenemos una comprensión limitada de quiénes somos. Bajo mi crianza, un niño que va a la iglesia, me permite creer que tal vez hay fuerzas superiores, que hay una fuerza superior que nos cuida, y esa es mi propia espiritualidad.

Y esas son las cosas que me permiten tener la esperanza cada día. Aprender a utilizar mejor nuestro cerebro, para poder encontrar, por ejemplo, una cura para el cáncer. Entonces él me permite tener esperanza y la esperanza es la emoción más fuerte que tenemos. Y mi propio cerebro me permite amar a los demás y, por lo tanto, me sigue guiando para ayudar a los que tienen muy poco.



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