Día Mundial de la Salud dedicado a la depresión – Salud – Vida


Se podría asegurar que la depresión es una enfermedad universal. Y no sería una exageración, porque a diferencia de tantos males que afectan a la humanidad, esta ataca sin distingo a personas de todas las edades, todas las condiciones sociales y todos los países.

La emblema es fría. La Ordenamiento Mundial de la Sanidad (OMS) calcula que son más de 322 millones de personas en todo el planeta (el por 4,4 ciento de la población) quienes sufren de este trastorno mental que tiende a refugiarse en el silencio y el desconocimiento. Ciertamente por eso, el corporación que dicta los lineamientos sanitarios aprovechó su excursión anual, este viernes 7 de abril, para difundir las aristas de este mal. (Encima: Depresión en Colombia es más ingreso que el promedio en el mundo)

Para no ir muy acullá, hace tan pronto como dos meses, en febrero pasado, la misma OMS reveló las estadísticas más actualizadas sobre el repercusión de la depresión en el mundo. Y ahí Colombia se ubica por encima del promedio mundial, con un 4,7 por ciento de su población afectada. Son unos 2,4 millones de colombianos los afectados, que equivale a todos los habitantes de Cali, la tercera caudal del país.

Y aunque en el crónica de la OMS otros de la región como Brasil, Cuba, Paraguay, Pimiento y Uruguay estuvieron peor posicionados que Colombia –con prevalencias por encima de los cinco puntos–, no deja de preocupar la expansión incesante de la depresión, considerada, desde ya, como la enfermedad más frecuente del mundo para el 2020, por encima de otras como las cardiovasculares y el cáncer.

Esa expectativa es exacerbada, por ejemplo, por factores como la desidia de atención. Se calcula que más de la centro de los afectados en el mundo y más del 90 por ciento en muchos países no reciben los tratamientos necesarios, cosa que impulsa a que cada año cerca 788.000 personas mueran por esta causa, la mayoría por suicidio.

El psiquiatra Jorge Téllez, presidente de la Asociación Colombiana de Psiquiatría Biológica, asevera, imparcialmente, que comportamientos suicidas se pueden explicar porque la depresión, una enfermedad crónica e invalidante, “limita la autoestima, altera las relaciones interpersonales, disminuye las funciones cognitivas y los desempeños profesional y normativo”.

Hay que sumar como detonantes la desidia de personal médico capacitado –que lleva a evaluaciones clínicas inexactas o erróneas– y la estigmatización que tienen los trastornos mentales.

El relator particular de la ONU sobre el derecho a la lozanía, Dainius Püras, afirmó esta semana, de cara al día mundial de la lozanía, que hay “crecientes pruebas” que sugieren un vínculo entre la depresión y adversidades en la infancia temprana, desigualdades, inseguridad y violencia y su finalidad desproporcionado en personas vulnerables como las afectadas por la pobreza y la restricción social.
En ancianos, un problema decano

Los adultos mayores conforman el categoría más afectado por la depresión. De acuerdo con la Asociación Colombiana de Psiquiatría (ACP), este trastorno alcanza una prevalencia que bordea el 10 por ciento de esta población; “casi el doble del promedio doméstico que es de 4,7 por ciento”, dice Rodrigo Córdoba, presidente de la Asociación Latinoamericana de Psiquiatría.
(Lea asimismo: Asolearse, la nueva terapia contra la depresión)

Pero estos promedios palidecen, según Marcela Álzate, presidenta de la ACP, con el 37 por ciento de prevalencia de depresión en personas mayores que han estado en unidades de cuidado crítico. “Es como asegurar que más de la tercera parte de los ancianos que tienen enfermedades graves padecen depresión, con el desventaja de que la mayoría de las veces no se les ha atendido de modo integral”, asegura la diestro.

A esto se suma un problema decano y es que los síntomas depresivos en estas edades configuran, en sí mismos, factores de peligro para la aparición de cuadros demenciales. Esto bajo la hipótesis, dice Córdoba, de que el daño en las arterias cerebrales –global en estas edades– favorece la aparición de cuadros cognitivos y depresivos.

Otro aspecto que torna difícil la tratamiento a este mal en los ancianos son los historial de patologías mentales diferentes, como el trastorno bipolar y la esquizofrenia, porque frente a un diagnosis de depresión, puede confundirse un primer episodio con la agudización de un problema que ya existía.

Incluso son factores de peligro en estas edades las enfermedades crónicas como la diabetes, las cardiovasculares y el cáncer, las cuales, se ha comprobado, profundizan el aislamiento, la soledad y la escasa interacción social de los mayores y producen desenlaces emocionales encabezados por la depresión. “Esto es dramático y silencioso, sobre todo, en las mujeres, porque parece que en ellas existe una predisposición decano para obtener este mal”, dice Córdoba.
Amenaza en los niños

Aunque en Colombia no existen cifras oficiales, en las consultas de psiquiatría pediátrica se ha evidenciado un incremento de depresión en niños. La centro de ellos padece este cuadro. Esta situación, sumada a la dificultades técnicas para hacer un diagnosis correcto de esta patología en niños, oculta un problema que puede tener desenlaces graves. Es urgente ubicar la depresión de niño en el circunscripción adecuado desde el punto de paisaje váter y social. La genética y la herencia determinan la predisposición a esta patología, que puede ser detonada por factores ambientales y sociales.

Las teorías planteadas por la psicoendocrinología relacionan de modo causal la depresión en la infancia con factores como: corte no deseado, maternidad temprana, carencias económicas y maltrato de las madres. De igual forma la marcha del padre, la inclusión en una escuela desarticulada de procesos de construcción de títulos y que replica las amenazas del hogar. Si a esto se agrega el cesión en la infancia, el maltrato y las carencias en estas edades, es liviana entender el desborde de la depresión. El sistema de lozanía debe incluirla en sus modelos de atención.

Por: Olga Albornoz Salas. Psiquiatra de niños.
Una tristeza que no se va

La depresión es una enfermo enfermedad que afecta física y mentalmente el modo de reparar y pensar, al punto que convoca deseos de alejamiento y de cesión y empuja a quienes la padecen a una descomunal desidia de interés y de alegría por las cosas más elementales.

Es una inmensa tristeza o melancolía que no se va y que, al contrario, se afianza con los días. Con ella están sensaciones de inutilidad y desesperanza que invitan, perversamente, a los afectados a darse por vencidos, con el desventaja de que se desencadenan tensiones personales que refuerzan una trágica hélice de angustia y desespero.

Pero esto no es todo, porque a esta comparsa se pueden sumar síntomas como insomnio, pérdida del apetito o ganas irrefrenables de yantar, irritabilidad, yerro, cansancio e incapacidad para concentrarse; los mismos que muchas veces desvían la atención del cuadro depresivo y terminan por orientar malos diagnósticos y tratamientos.
Puede ser tratada

Según la Asociación Colombiana de Psiquiatría; Instituto Doméstico de Sanidad Mental de EE. UU., a pesar de ser una patología deletérea en toda su dimensión, es posible tratarla de modo efectiva. Todo empieza con un diagnosis temprano y acertado de un diestro. En la intervención terapéutica se encuentran los medicamentos y la psicoterapia, por separado o combinados, según la severidad de los síntomas, los historial de la enfermedad y la preferencia de los pacientes.

Lamentablemente, muchas personas no buscan tratamientos por temor a ser señalados como dementes o faltos de carácter o por considerar que es un cuadro pasajero que puede ser abordado con fuerza de voluntad y de modo autónoma. Ideas erróneas que agravan la situación.

Los medicamentos buscan restablecer el invariabilidad de sustancias que favorecen el actitud en el cerebro. Son los antidepresivos que no generan dependencia, de los que existen diferentes tipos y que requieren de un tiempo, medido en semanas, para que produzcan mercadería. De ahí que requieren disciplina de los pacientes a la hora de consumirlos y control regular del médico para ajustar la dosis cuando se deba.

En la psicoterapia existen diferentes tipos que se pueden alabar de modo individual, sabido o grupal, según las condiciones de cada paciente.

Las estadísticas muestran que si los abordajes terapéuticos son oportunos y adecuados, ocho de cada diez pacientes obtienen mejoría clínica evidente.
Test para asimilar si  los signos lo acechan

Si sospecha que usted o cierto cercano padece de depresión, aplique y conteste el venidero cuestionario que le ayudará a identificarla. Hágalo honestamente y lea dos veces cada pregunta.

¿Está confundido, porque no sabe si está triste o enfermo de depresión?
¿Se siente triste, ansioso, o tiene un sentimiento de malogrado permanente?
¿Tiene sentimientos de yerro, no le encuentra sentido a su vida, o está desesperado?
¿Tiene problemas para concentrarse, memorizar o tomar decisiones?
¿Se siente muy cansado, débil o sin energía?
¿Tiene problemas para amodorrarse, padece de insomnio o se da cuenta de que está durmiendo demasiado?
¿Ha perdido el apetito y el interés en yantar, o por el contrario encuentra que está comiendo todo el tiempo?
¿Se siente irritado o desesperado?
¿Tiene dolores y sufrimientos que no se alivian por más que lo ha intentado?
¿Ha perdido interés en actividades que antaño disfrutaba, incluyendo el sexo?
¿Tiene sentimientos como desespero, cesión, pesimismo o desesperanza?
¿Tiene pensamientos suicidas o de homicidio?

Resultados:

Consulte de modo inmediata con un diestro si:
Ha tenido cinco o más de estos síntomas por más de dos semanas o si dos de ellos le están afectando su vida.
Nota: tenga en cuenta que esto es una plano, no una útil de diagnosis certero.



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