Cristianos de Mosul celebran Semana Santa – Medio Oriente – Internacional


Sentimientos encontrados de emoción y furor invaden el dominio. El corazón se acelera cuando, por primera vez, se regresa al hogar posteriormente de tener sido expulsado o tener tenido que huir para rescatar la vida.

Son más de dos abriles y medio los que han pasado desde que el comunidad yihadista Estado Islámico (EI) invadió Karemlash, Qaraqosh, Bartella y otras pequeñas localidades de la planicie de Nínive (al sureste de Mosul), en donde destruyeron todo lo que encontraron a su paso. Algunos vecinos caminan en silencio, escudriñando cada rincón, otros lloran por la emoción de retornar a estar en su pueblo originario.

Es la primera ocasión en la que los cristianos de Mosul celebran la Semana Santa en sus pueblos, desde que en agosto del 2014 las huestes de Abu Baker al Baghdadi plantaron la insignia negra y blanca sobre la planicie de Nínive.

Aunque hace ya seis meses que fueron liberadas estas localidades cristianas de rito católico caldeo, aledañas a la capital de Mosul, donde las fuerzas iraquíes luchan a mortandad y fuego contra los yihadistas para arrebatarles la orilla occidental, no se han transmitido aún las condiciones para poder retornar a poblar allí. Son escasamente unas familias cristianas las que han regresado a Qaraqosh, la ciudad cristiana más ínclito, con una población de 50.000 seguidores de la Iglesia caldea ayer de la arribada del EI, y el resto de poblaciones siguen siendo pueblos espantajo.

En Karemlash, donde vivían 3.000 cristianos ayer del EI, no hay electricidad ni agua corriente, ni se han insigne aún las minas y artefactos explosivos que diseminaron los yihadistas por todas partes. Fue uno de los primeros asentamientos humanos en la antigua Mesopotamia y llegó a ser una de las ciudades asirias más importantes de Babilonia. Su patrimonial casco antiguo ha quedado pequeño a escombros.

Más de la parte de viviendas del pueblo están totalmente destruidas, mientras que la otra parte son parcialmente habitables. “La situación es miserable, la mayoría de las casas están destruidas, desvalijadas o quemadas. No hay muchas oportunidades para poder retornar aquí”, indica a EL TIEMPO el padre Thabit, de la Diócesis católica caldea de Erbil.

En la renta del Kurdistán iraquí hay más de 120.000 cristianos refugiados, prácticamente toda la población cristiana de la planicie de Nínive. Pero ahora, muchos de ellos, sobre todo los jóvenes, han emigrado. Los cristianos se están marchando a Turquía o al Líbano y otros han conseguido orfanato en Australia o Estados Unidos.

“Si la situación continua así y no empieza la reconstrucción, los cristianos no regresarán a Irak. No podemos hacerlo solos, necesitamos la ayuda de la comunidad internacional y de las organizaciones internacionales”, agrega el padre, quien añade que hasta el momento la Iglesia es quien más los ha ayudado.

“Ha financiado los campos de refugiados en Ankawa (Erbil), y no solo está ayudando a los cristianos, sino a otras minorías religiosas como los yazidíes”, quienes igualmente huyeron de las montañas de Sinjar, norte de Irak, en agosto del 2014.

“Llevamos 3 abriles como refugiados en Irak donde la comunidad cristiana y las ONG han ayudado más que el Gobierno. Con el apoyo de la Diócesis voy a aclarar una oficina de reconstrucción en Karemlash. Con mi ejemplo podré convencer a otros cristianos para que regresen a sus casas”, exclama Thabit.

“No quiero quedarme aquí, lo hemos perdido todo. Me gustaría poder ir a Estados Unidos”, dice por su parte a este diario Rodi Raad, estudiante universitario de Karemlash.

Su tribu ha sido doble víctima del delirio yihadista. Raad perdió a su padre en Mosul hace 12 abriles, en un atentado terrorista perpetrado por la rama iraquí de Al Qaeda, precursora del Estado Islámico. Y ahora son refugiados en Erbil posteriormente de haberlo perdido todo.

Los feligreses desfilan en procesión mientras van cantando himnos. Cuando entra el postrero comunidad al interior de la iglesia, está ya tan abarrotada de fieles que deben colocarse en los huecos que quedan entre las filas de bancadas.

Los yihadistas profanaron las tumbas de la iglesia e incendiaron el atrio y cavaron una red entera de túneles subterráneos, que conectaban todo el pueblo. Igualmente horadaron las paredes de las casas para usarlas como pasadizos.

Karemlash está coronado por una colina y a sus pies está el antiguo convento de Santa Bárbara. Por su estratégica posición desde donde se puede controlar todo el valle de Nínive, los yihadistas ocuparon por un tiempo el convento y lo convirtieron en un puesto marcial. Saquearon las reliquias de la santa y excavaron túneles bajo la colina que cubre un sitio arqueológico de una antigua ciudad asiria.

Cada 4 de diciembre, miles de familias cristianas visitan la tumba para rememorar el inmolación de Santa Bárbara por convertirse al cristianismo. Pero esta vez han venido a festejar con motivo de la Semana Santa. Por unas horas, la perseguida comunidad aparca su dolor para retornar a recapacitar momentos felices y de contento. El convento de Santa Bárbara vuelve a estar pletórico de algarabía y gozo.

ETHEL BONET
Para EL TIEMPO
Erbil



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