Conozca por qué Cuba celebra el Día de la Rebeldía Nacional | Noticias



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El 26 de julio de 1953 constituye una fecha histórica para todos los cubanos, puesto que representa, dentro del calendario de efemérides nacionales de la isla, el Día de la Rebeldía Nacional.

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Hace 67 años que el pueblo de la nación caribeña rinde honor a la memoria de la Generación del Centenario que encaró a la dictadura del entonces presidente golpista, Fulgencio Batista, para tratar de provocar profundas transformaciones políticas, económicas y sociales.

Los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba (oriente), y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo (oriente), despertaron la conciencia popular e iniciaron la gestación del futuro Ejército Rebelde que conseguiría la victoria definitiva el 1 de enero de 1959.

Fulgencio Batista y la Cuba de 1953

Ante la inminente victoria del Partido Ortodoxo en las elecciones de 1952, Batista se lanza a un golpe de Estado, usurpando el poder a la democracia mediante medidas que posteriormente comenzaría a decretar.

El expresidente cubano suspendió la Constitución de 1940, disolvió los partidos políticos y declaró ilegales las reuniones de más de dos personas y toda manifestación contra el Gobierno, al tiempo que restableció la pena de muerte.

Asimismo, decretó la “Ley Fundamental de la República” donde suspendió al Congreso y entregó el poder legislativo al Consejo de Ministros, que era el encargado de designar al presidente de la República.

Sin embargo, con la nueva norma era el presidente quien designaba al Consejo de Ministro, lo que mantenía en sus manos tanto como el poder ejecutivo como el legislativo, a la vez que determinaba sobre el judicial.

Dicha ley también derogaba el régimen de autonomía de los gobiernos provinciales y municipales, lo que permitía la disposición e imposición de los cargos a todos los niveles a consideración del presidente.

Batista aumentó el salario de las fuerzas armadas y de la policía, a la vez que se otorgó, él mismo, un salario anual superior al del presidente de Estados Unidos, pasó de 26.400 dólares a 144.000 dólares, frente a los 100.000 dólares de Harry Truman.

Fidel Castro y la Generación del Centenario

En ese contexto de ruptura constitucional e institucional emergió la figura del joven abogado Fidel Castro, capaz de apelar primero a la denuncia y acusación del golpe de Estado, y luego, dispuesto a organizar y ejecutar una acción de resistencia popular que se opusiera a la dictadura gestante.

Fidel y algunos de sus compañeros del partido Ortodoxo censuraron la actitud vacilante asumida por la alta dirección de dicha formación política y consideraron que era necesario apartarse de todos los partidos burgueses, totalmente corrompidos.

Las aspiraciones eran superiores al derrocamiento de la tiranía batistiana, más bien, a realizar una revolución que cambiara de raíz, la triste realidad en que estaba Cuba.

Fue así que un grupo de jóvenes cubanos, liderados por Fidel Castro, en el año del centenario del nacimiento del Apóstol José Martí, organizan y ejecutan el asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, y al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, el 26 de julio de 1953.

El aporte fundamental de la Generación del Centenario fue su tesis de la lucha armada revolucionaria como vía para alcanzar la liberación del pueblo cubano.

La mañana de la Santa Ana

En la madrugada del 26 de julio de 1953, 131 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército de Batista para no levantar sospechas, se organizaron en tres grupos, el primero de los cuales, con Fidel al frente, atacaría el cuartel Moncada.

Los otros dos grupos, comandados por Abel Santamaría y Raúl Castro, tratarían de tomar dos importantes edificios contiguos al cuartel: el Hospital Civil Saturnino Lora, donde se atendería a los heridos, y el Palacio de Justicia, desde cuya azotea apoyarían la acción principal.

Poco después de las 4:00 de la madrugada, todos comenzaron a salir en los autos hacia la ciudad de Santiago de Cuba (oriente). Los grupos dirigidos por Abel y Raúl cumplieron su objetivo. El grupo principal, dirigido por Fidel, llegó según lo previsto hasta la posta No. 3, la desarmó y traspuso la garita.

Sin embargo, el factor sorpresa quedó frustrado cuando una patrulla de recorrido llega inesperadamente. Por otra parte, un sargento también apareció de improviso por una calle lateral y comenzó un fuerte intercambio de disparos que alertó a la tropa superior en hombres y atrincherada dentro de la fortaleza.

Otro elemento adverso fue que los atacantes no pudieron contar con varios automóviles donde iban las mejores armas, pues sus ocupantes se extraviaron antes de llegar al Moncada en una ciudad que no conocían.

Comprendiendo que continuar la lucha en esas condiciones era un suicidio colectivo, Fidel ordenó la retirada. Al mismo tiempo que esto ocurría en Santiago, 28 revolucionarios asaltaban al cuartel de Bayamo, operación que también fracasó.

Convertir los reveses en victorias

Aunque la gesta del 26 de julio de 1953 terminó en una derrota militar, los hechos acontecidos fueron trascendentales para el pueblo cubano y para el movimiento de liberación nacional que se iniciaba.

“En primer lugar inició un período de la lucha armada que no terminó hasta la derrota de la tiranía. En segundo lugar, creó una nueva dirección y una nueva organización que repudiaba el quietismo y el reformismo, que eran combatientes y decididos y que en el propio juicio levantaban un programa con más importantes desmanes de la transformación socioeconómica y política exigida por la situación de Cuba”, expresó el general de Ejército, Raúl Castro Ruz, al referirse a la importancia histórica de este acontecimiento.

Por su parte, el comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, sentenció que “el Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias. No fue la única amarga prueba de la adversidad, pero ya nada pudo contener la lucha victoriosa de nuestro pueblo. Trincheras de ideas fueron más poderosas que trincheras de piedras. Nos mostró el valor de una doctrina, la fuerza de las ideas, y nos dejó la lección permanente de la perseverancia y el tesón en los propósitos justos”.



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