Columna de Ómar Rincón: Indignación, odio, peleas y risas – Cine y Tv – Cultura



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La noticia es que están matando a los líderes sociales (y no son guerrilleros, son luchadores por el agua, el medio ambiente y los derechos humanos). La noticia es que hay masacres (y los muertos no son guerrilleros, ni delincuentes ni líderes, son ciudadanos).

La noticia es que hay protestas sociales (y son protagonizadas por jóvenes y mujeres). ¿Cómo las estamos contando? Hay un modo tradicional. Uno, entrevistar fuentes oficiales (Gobierno y militares). Dos, asumir el relato oficial: los líderes y las masacres son producto del narcotráfico; las protestas son células neoguerrilleras. Tres, hay que rodear al Gobierno, los militares y la Policía. Cuatro, si algo salió mal, el que dice que gobierna ordena una investigación exhaustiva. Cinco, Gobierno negacionista de derechos humanos, masacres, protestas.

Esto es posible porque los medios ya tienen el libreto de narrar. Entonces, uno sabe desde la mañana cómo van a ser narrados la protesta, las masacres y el asesinato de líderes sociales.

El modo digital en redes se ofende con el Gobierno y los medios. Los ciudadanos llenan de imágenes y videos que dicen todo lo contrario de medios y Gobierno. Están los que odian a los que protestan. Y los que se ofenden con los que defienden al Gobierno.

Los influencers escurren el bulto e ignoran la trágica realidad: no hablan de política ni de lo que moleste a sus fans. En el Twitter pelean periodistas con periodistas por sus militancias uribe-petristas. El Presidente deviene el rey del meme. Los ciudadanos ríen a carcajada. Y al fin del día: nada pasa: indignación, odio, peleas y risas.

En este escenario, sería bueno analizar autocríticamente si los medios no estaremos haciendo algo que no es; si no estamos perdiendo porque somos buscadores súbditos del clic. ¿No será que deberíamos diseñar un nuevo modo de narración de lo social?

En el caso de los líderes sociales, no es informar que los mataron: esa noticia es paisaje, sino por qué, cuál era su causa, a quién molestaba, qué rol cumplía en la comunidad y en el territorio. Es ir más allá del dato y la fuente oficial y contar por qué los estamos matando: esa razón estructural y sistémica.

En el caso de las masacres, no basta con el trino oficial de que fue el narcotráfico. Eso es noticia paisaje. Si no por qué está el narcotráfico ahí. Si lo sabe el Gobierno, por qué no hace nada, qué ha pasado que el país se ha vuelto paraíso narco.

En el caso de las protestas. Recordar que marchar es hacer uso efectivo de la libertad de expresión, esa de la que nos creemos dueños los periodistas. No basta con los “vándalos”, hay que averiguar quiénes son y por qué nunca son apresados por la policía, hay que ver las agendas de lucha desde los miles de ciudadanos jóvenes y mujeres que van a la protesta.

Columna El otro lado, de Ómar Rincón, crítico de televisión. Correo: orincon61@eltiempo.com



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