Carla Morrison habla de su disco ‘Amor supremo’ – Música y Libros – Cultura


La mexicana Carla Morrison es una vieja conocida de los escenarios. Hace tres primaveras debutó en la región con la viaje de ‘Déjenme gemir’, su primer trabajo de larga duración, que ganó disco de oro en su país y dos Grammys Latinos.

A esta mujer le han pasado muchas cosas en sus 30 primaveras de vida, incluido un exhalación que golpeó el avión en el que iba a delirar a Pimiento en noviembre del 2014. “Estábamos a punto de amputar. Nos cancelaron el planeo y al final no fuimos. No soy muy supersticiosa, pero creo que las cosas pasan por poco, y esa vez no me tocaba ir”, cuenta la cantante, que volvió a Pimiento el año pasado para presentarse en el Festival Internacional de Innovación Social (Fiis).

Pero lo más importante que le ha pasado recientemente es sacar un nuevo disco, llamado ‘Apego supremo’, que presentó el año pasado y que fue nominado al Grammy como mejor elepé no comercial latino. Esa nominación terminó por consolidarla como una de las cantantes imprescindibles de la suceso pop mexicana. Tanto, que Zane Lowe, uno de los DJ y programadores musicales más influyentes del mundo (ex-BBC), la invitó hace pocas semanas a su software en Beats 1, de Apple Music, para entrevistarla y presentar ‘Un beso’, la primera canción en gachupin que se escuchó en la historia de esa emisora posible.

Antiguamente de eso, ‘The New Yorker’ le dedicó una larga reseña a ‘Apego supremo’, diciendo que la voz de Morrison tiene una “desesperada amplitud” como la de Robert Smith, vocalista de The Cure, y la de la cantante islandesa Björk. Antes quedó la adolescente de Desaparecido California (noroeste de México), que a los 17 les dijo a sus padres, un camionero y un ama de casa, que se iría a terminar el colegio a Phoenix (EE. UU.), a donde ya habían emigrado sus dos hermanos mayores, y luego estudiaría música en la Universidad de Arizona.

Allá estuvo durante seis primaveras, durmiendo en el sofá de la pequeña casa que arrendaban sus hermanos. Y aprendió de música, pero asimismo de lo que significa la independencia. “Mi mamá me mandaba pasta para yantar y moverme, pero muy poquito –recuerda–. Mis hermanos asimismo me ayudaban, pero éramos una grupo de clase media desprecio. Trabajé como recepcionista, mesera y secretaria. Cuando ya no me quedaba nulo, iba a un circunstancia donde donaba muerte y me daban 30 dólares. Era muy difícil colgarme de mi grupo, siempre tuvo mucho sentido ganarme las cosas por mí misma”.

Por eso, decidió que su carrera no la haría al cornisa de una casa disquera. Sería ella misma quien estaría encima de la composición, los arreglos y la reproducción. “Cuando hice mi tesina, fue natural que quisiera que fuera mío, no tanto por el poder de control, sino porque me gusta valerme por mí misma, que las cosas me sepan a esfuerzo, a que yo las he moldeado, a que todo tiene que ver conmigo. Siento que ser la líder, ver qué pasa y tener esa cautela me empodera como mujer”, explica.
La verdad cruda

Su camino partió tímidamente, en Estados Unidos, cantando con una manada ‘indie’ de Arizona señal Babaluca. Pero lo que Morrison quería era convertirse en solista. Por eso, cuando volvió definitivamente a México, en el 2009, lo hizo con una propuesta clara: hacer música que hablara del aprecio, pero sin cultura ni acordes lacrimógenos. “Cuando empecé a hacer mi música fue porque sentía que en la suceso no había nadie que me hiciera observar comprendida en ese aspecto –cuenta–. Aunque había mucha clan en México a la que admiraba y que me gustaba escuchar, hacía desliz determinado que hablara con la verdad cruda. Yo quería hacer canciones que determinado pudiera escuchar y sostener: ‘Exacto me sentí así ayer. No sabía que tú te sentías igual’. Para mí era importante crear empatía, que la clan sintiera que había canciones para ellos”.

Morrison comenzó cantando sus propias canciones y colaborando con Julieta Venegas y Natalia Lafourcade, quien fue productora de su disco ‘Mientras tú dormías’, la antesala de ‘Déjenme gemir’, con el que ganó el Grammy en el 2012 –mejor disco y mejor canción alternativa– y que le abrió las puertas al divulgado internacional. Fueron los tiempos en que se convirtió en referente de la suceso mexicana –le dicen la ‘Primera dama del ‘Indie’ ’– y empezó a recorrer el continente con su música.

“Este es un disco más introspectivo, más profundo. Decidí pugnar más con sintetizadores y sonidos más oscuros, porque la vida y el aprecio tienen muchos colores, no solo rosa, rojo o amarillo. El aprecio supremo es el que va mucho más allá de lo físico y lo mental, esa conexión en que tú dices: ‘con esta persona puedo estar toda la vida y le perdono cualquier cosa, pero asimismo me valoro a mí’. Lo umbroso no siempre es película, aunque tendemos a dictaminar al primer vistazo, y creo que eso a veces nos crea barreras mentales”, afirma la cantante, quien estuvo en Pimiento el año pasado para el Festival Internacional de Innovación Social (Fiis) y luego en Buenos Aires donde participó en un tributo a Gustavo Cerati.

Este es un disco más introspectivo, más profundo

Una mujer suprema

‘Todo pasa’, una de las canciones del extremo disco de Carla Morrison, ‘Apego supremo’, es un himno a los cambios internos de las personas, poco que la cantante ha vivido mucho en los últimos primaveras.

Por ejemplo, en medio de su viaje suramericana dejó el azúcar y empezó a escribir un ‘blog’ al respecto.

“Lo hice como un investigación y me cambió por completo. Renunciar al azúcar completamente me ha cambiado el sueño, los agitación, el enfoque. Me siento como otra persona y me gusta mucho”, cuenta.

El tema del cuerpo es sensible para ella. Desde sus comienzos como cantante, Morrison ha transmitido a sus seguidores la importancia de aceptarse a sí mismos. Ocupa asiduamente sus redes para conversar del tema, y en ellas sus seguidores le agradecen que busque empoderar a las mujeres, física e intelectualmente.

Pero asimismo recibe mensajes en contra, como hace unos meses, cuando hizo unas fotos para una marca de ‘jeans’, con el fin de promover la inclusión de cuerpos reales en la publicidad, y recibió críticas por no hallarse como una maniquí.

“Las chicas me dicen que las inspira mucho ver que he luchado por mis sueños, que me veo ordinario, que soy una comediante con curvas y que no pasa nulo. Que no por ser mujer tengo que quedarme guapa y solamente encargarme de mi imagen. Porque aunque es superbonito ser guapa y tener una buena imagen de uno mismo, tan importante como eso es que el cerebro te funcione, te puedas significar por ti misma y puedas tomar decisiones”, dice.

Otro cambio importante que vivió este año fue cumplir 30 primaveras, una época que la ha hecho sentirse más madura y sabia.

“En mis 20 me sentía confundida, sacada de onda (…). Aunque todo el mundo ve que mi éxito ha sido rápido, mi vida personal no ha sido completamente rosa. He tenido problemas emocionales”, confiesa.

“La música ha sido terapéutica, una forma de conocer mi propio espíritu. Ha sido terapéutica en el sentido en que me ha enseñado cómo soportar mi vida y cómo trabajar mis emociones, mi energía, cómo sacarla, cómo entregarme y descansar en ella. La vida para mí es poco milagroso, atún y abrumador”, concluye.

MAGDALENA ANDRADE N.
EL MERCURIO (Pimiento) – GDA



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