Cantos de los llanos de Colombia y Venezuela patrimonio de la humanidad – Música y Libros – Cultura



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La Tonada de ordeño es cantada por Hermes Romero, un gran llanero: “Turupiá, turupiá, noche negra, noche oscura, el ordeñador la espera con el rejo y la tutuma. Turupiá, turupiá…”.

Y luego dice, con voz recia: “A los animales hay que cantarles. Ellos son como uno, a veces se amanece aburrido. A la vaca se le limpia la ubre y se le palmotea la cadera. Y se le canta”, cuenta. Y agrega que así da muy buena leche, la mejor para hacer queso y cuajada.

Su fondo (hato, finca) está en Paz de Ariporo, Casanare. Es el menor de la familia y aprendió los cantos de trabajo de su papá y sus hermanos mayores, a quienes honra, cuando los cantos de trabajo de los Llanos de Colombia y Venezuela fueron incluidos el martes en la noche en la lista de patrimonio de la humanidad en el plan de salvaguardia urgente, por el Comité Intergubernamental de la Unesco para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial.

Turupiá, turupiá, noche negra, noche oscura, el ordeñador la espera con el rejo y la tutuma

“La lucha contra el tiempo hace que ya nadie se acuerde de cantarle a una vaca”, sigue el llanero Romero. Actualmente, en muchas partes del Llano las reses se llevan en camiones o en otros medios de transporte de una lado a otro. “O las vacas se ordeñan con máquinas”, como cuenta Ana Belén Babativa, de Medina, Cundinamarca, cabecera del Llano, que aprendió en la finca de su abuela la tradición completa: vaquería y canto.

Ella, Romero y muchos llaneros más resisten el olvido de esta tradición de más de 200 años, sometido al avatar de la modernidad y la economía.

Los cantos de trabajo son un conjunto de expresiones inmateriales que hacen parte del mundo cultural de la Orinoquia colombovenezolana y que está relacionado con la ganadería.

Se componen por “cuatro variantes orales y sonoras: los cantos de ordeño, los cantos de cabestrero (llanerismo por cabestrero), los cantos de vela y los cantos de domesticación (silbos, gritos, llamados, japeos)”, según informa el Ministerio de Cultura de Colombia, que realizó los documentos de salvaguardia con el Centro de Diversidad Cultural de Venezuela.

El trabajo empezó hace cuatro años y se hizo una exploración en cada país. Para llegar al documento que avaló la Unesco, se realizaron seis foros en los que participaron portadores, instituciones y actores regionales; tres talleres de cartografía social y entrevistas a portadores, entre otros.

Estos cantos son interpretados a capella y hacen parte de las jornadas de trabajo con el ganado, no solo en los corrales sino en las sabanas, cuando se mueven las reses por la llanura. Y es un placer oírlos. Quienes los interpretan lo hacen con una entonación simbólica y emotiva.

Carlos Maldonado y Víctor Espinel, así como Segundo Ramón, llaneros colombianos, también hicieron parte de este proceso. Después de cantar, cuentan que cada canto tiene una entonación distinta y su objetivo.

“De día son para enfilar el ganado cuando lo llevamos para otro lado; y de noche, para calmarlo. Además, los cantos cuentan los días que faltan para llegar al destino. Claro, antes era distinto, porque los viajes eran de hasta 40 días”, dijeron.

Estos cantos, agrega el documento de salvaguarda, “cumplen una función práctica en el conjunto de actividades que se conocen como ‘trabajo de llano’ y en aquellas que implican el contacto directo con el ganado.

También tienen una importante dimensión expresiva, afirmación del espíritu llanero, orgulloso y amante de su territorio, de la naturaleza, de los animales que cuida y guía. El contenido de muchos de los cantos resalta aspectos del espíritu y la identidad, y son improvisaciones que van desde la épica llanera a la lírica amorosa y la picaresca”.

De ahí la imperante necesidad de cuidarlos y protegerlos. En Colombia, el ministerio de Cultura realiza trabajos de apoyo con varias entidades llaneras que se encargan de la protección de esta tradición.

Como el gran Hermes Romero, que cuenta, casi cantando, que para llegar a su fondo desde Bogotá el camino es muy largo, “pero son horas en las que se puede mirar el paisaje, que es hermoso y cambiante”.

Y ahí no queda el tema de la tradición. Romero dice que esos cantos de trabajo, que se hacen en determinados momentos y de manera específica y exacta, influyen en las enseñanzas que van de padres a hijos: “Incluyen el respeto y la honestidad. Mi palabra es un documento para no quebrantar”.

Trabajo de conservación

La ministra de Cultura, Mariana Garcés, afirmó que “es un gran logro esta designación, que nos lleva a preservar esta tradición como un valor patrimonial para la humanidad”.

Para proteger este patrimonio, desde el 2011 el Ministerio de Cultura trabaja con entidades del Llano, “en acciones para la recuperación de memoria en los lugares donde la manifestación ha perdido vigencia y la revitalización de los espacios en donde permanece”.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
olgmar@eltiempo.com
Twitter: @CulturaET




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