Cambios organizacionales y la transformación del INA


Todo cambio implica evaluar el presente y determinar un futuro que sea relevante y satisfaga los objetivos trazados y tener una visión; para no ir sin un rumbo fijo, que, de lo contrario, se estaría a la deriva y eso implicaría la no supervivencia de la misma.

Todo cambio es dinámico, no es estático y requiere de estrategias que garanticen un resultado positivo de acuerdo con los objetivos establecidos para la organización.

Cambiar el nombre del sitio icónico de la educación que albergó la primera forma de enseñanza agropecuaria -la Escuela Nacional de Agricultura que después se convirtió en el Intituto Nacional de Agricultura de Divisa, para reemplazarlo ahora por un Instituto Superior de Agrotecnologías de Las Américas- es solo un primer paso que permite conocer su función e identidad; ahora, con un giro radical no natural y gradual, como hubiese sido lo ideal si desde que fuese creado en 1940 y años subsiguientes, los ideales y visión de Augusto Samuel Boyd se hubiesen cumplido. ¿Es posible reconstruir y renovar la imagen de un instituto en decadencia con 80 años de historia, teniendo como objetivo “engrandecer el sector agropecuario”?

Durante muchos años se ha intentado la recuperación de este centro educativo para dotarlo de recursos y tecnologías, que reemplazara al Instituto Nacional de Agricultura (INA) en Divisa para convertirlo autónomo y autosostenible, pero las políticas deseadas se desviaban hacia otros objetivos. La Gaceta Oficial del 6 de febrero de 2007, establecía y adoptaba el plan estratégico nacional para el desarrollo de la ciencia, tecnología e investigación, en el cual se identificaban las prioridades del sector agropecuario, acuícola y pesquero, incluyendo el campo educativo. Fue un intento más por transformar el sector agropecuario.

El propósito de brindar una oferta académica y herramientas integradas que garanticen la modernización de la agricultura familiar y comercial y “elevar el perfil del profesional técnico”, no es algo superficial, es una modificación de forma y fondo que implica dar velocidad y prioridad a los cambios. No más planes; liderazgo, recursos financieros, capital humano y redefinir las líneas de desarrollo que demanda el mercado.



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