Alfonso Ortíz deja duelo en la televisión colombiana, colegas despiden al actor – Cine y Tv – Cultura



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Luces Velásquez y Alfonso Ortiz formaron una de las parejas más recordadas de la televisión en La hija del mariachi, telenovela que hoy se repite. Ella, doña Eulalia, exótica y con un lenguaje poco común; él, don Carlos, ex mariachi y dueño del bar Plaza Garibaldi.

Eran, además, amigos de la vida. “Alfonso siempre decía que yo era su esposa de la televisión”, dice Velásquez. “Hicimos otros personajes de pareja, pero estos se quedaron en la gente”, agrega.

Ortiz falleció en la madrugada de ayer. Desde hace una semana se encontraba hospitalizado, luego de sufrir un infarto en la grabación de un programa de Canal Trece, en Tabio, y aunque en los últimos días su salud se había deteriorado, su familia y sus amigos siempre esperaron su recuperación.

Nació en Bogotá en 1947 y fue seducido por el arte cuando su papá lo llevó al teatro Colón a ver una obra y no a El Campín a ver fútbol. Pero ese niño, seducido en un ‘estadio cultural’, solo sería actor dos décadas después, cuando hizo un taller en el Teatro La Mama, con Kepa Amuchástegui.

Con este grupo viajó a varios países e hizo paradas para tomar clase, entre otros, con Peter Brook, Jerzy Grotowski y el premio Nobel Dario Fo. También estuvo en el teatro La Candelaria y participó en obras tan importantes como La siempreviva. Las tablas también lo recibieron en Guadalupe años sin cuenta y La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y su abuela desalmada.

En televisión, además, estuvo en Castigo divino, Los Reyes, Chepe Fortuna, Amo de casa, Alias el Mexicano, Las detectivas y el Víctor, Merlina, mujer divina; Pobre Pablo  y El robo del siglo (en esta última, serie de Netflix, una de las más vistas en el mundo, hizo un pequeño papel), entre otros. En cine es recordado en Perder es cuestión de método, La historia de baúl rosado, La primera noche, Kalibre 35, Golpe de estadio, La deuda y Edipo alcalde.

“Si de alguien recibí apoyo en mi vida laboral fue de Alfonso. Siempre decía que yo era buena. Nos conocimos en la época en la que ambos hacíamos teatro, yo en el Libre y él en El Local. Y rumbeábamos en La Teja Corrida, en el centro de Bogotá”, recuerda Velásquez.

En 1992 y luego de regresar de México, donde vivió ocho años y participó en proyectos televisivos y teatrales, fundó su escuela Caja de Herramientas, donde formó a actores como Flora Martínez, Miguel Varoni, Alejandro Aguilar, Angie Cepeda, Marcela Mar y Carolina Acevedo, entre otros. Chichila Navia y Santiago Alarcón no solo estudiaron con él, sino que allí se conocieron y enamoraron.

Pero Ortiz también formó a personas que se han dedicado a trabajos distintos a la actuación, como Ángela Díaz, gerente para Colombia de Atrápalo.com, a quien le quedó pendiente un encuentro para entregarle un cuadro, realizado por el artista Luis Carlos Cifuentes.

Es un homenaje a su vida, con sus brazos y manos pintados de colores, por lo significativo que les dio a muchas personas. Yo estoy lejos del mundo de la actuación, pero desde el año pasado en Atrápalo quisimos rendirles honores a grandes figuras y en este 2020 nos decidimos por Alfonso. Por la pandemia no le pudimos entregar la obra, con la que queremos resaltar a un ser que nos dejó grandes enseñanzas. Yo trabajé con él luego de mi curso como relacionista pública de su taller y seguimos siendo amigos”.

Y mientras caminaba a su trabajo, Felipe Lozano, ex director de la Casa Museo Alfonso López Pumarejo de Honda, Tolima, hoy director de comunicaciones del Museo de Bogotá y locutor, supo la noticia.

Lozano contó –después de agregar “y mira, sigo caminando porque la vida no para”–, que en Caja de Herramienta, “un nombre muy lindo, ¿no te parece?, Alfonso nos dio eso: herramientas. En mi caso, para mi profesión, porque trabajo con la voz. Él nos llevó a explorarnos y ver cómo somos. No nos daba clases, nos decía que si nos analizábamos, sentíamos y teníamos nuevas formas para comunicarnos. Salí distinto de allí, más tranquilo de saber que puedo hablar con las potencialidades de mis características físicas, mentales y emocionales”.

Ortiz estaba casado con Leonor Pachón, en una relación de amor cercana y maravillosa. El actor tenía dos hijos, pero por el mundo también van muchos ‘hijos’ que ahora llevarán su Caja de Herramientas en memoria del hombre que les enseñó a descubrirse, ese que tenía un sentido del humor genial.

“Y que lo ponía a uno a buscar en su oficio cómo arrancar, pues cinco segundos antes de que contaran 3, 2, 1, 0 para grabar, echaba un chiste inventado y había que aguantar la risa. Por eso yo siempre diré que Alfonso Ortiz fue una fuente de alegría infinita”, termina Velásquez.



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